jueves , febrero 25 2021
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La Ola

En primer lugar me gustaría comentarles lo que me suscitó ver la película a la luz de la invitación para comentar en este ciclo. La idea era servirme de un detalle, una frase, una escena, algún interrogante que me moviera a querer conversarlo con otros.

Fueron muchas las cuestiones que iban surgiendo como plausibles de trabajarse, tal como ramas o raíces que se iban desplegando, que atravesaban temáticas, volvían, se entrecruzaban, al modo de una estructura rizomática.

Uno de los primeros puntos en los que pensé fue la pertinencia del texto freudiano “Psicología de las masas y análisis del yo”, las identificaciones, el lugar del líder y del ideal. También todo lo referente a la segregación y la adolescencia como una etapa en la que se entraman de un modo particular estos procesos, y a la vez las respuestas singulares de cada sujeto frente a lo que acontece.

Asimismo la perspectiva de la época actual, con sus imperativos y los discursos, aquellos significantes amos, tomando en cuenta lo que se viene trabajando este año en torno al Seminario 17. Y respecto de la película, cómo la Ola una vez que es puesta en marcha, va avanzando, desborda arrastrando las subjetividades, se sale de los límites de la clase y queda fuera de control. Y obviamente el impacto del final, lo conclusivo del pasaje al acto.

Para comenzar me gustaría poner en relación un pequeño diálogo al inicio de la película, antes que se ponga en marcha “La Ola”, aquel que se da en el bar entre compañeros y parte de los relatos de los alumnos al final de la película, antes que “la Ola” se disuelva.

Al inicio el diálogo reza “Contra qué podemos rebelarnos? Ya nada tiene valor, todos tienen su propio placer en mente. Lo que falta a nuestra generación es una meta común, algo que nos una”.

Considero que el mismo ilustra de algún modo cierto malestar propio de lo que caracteriza a la época actual. Porun lado la declinación de la figura del padre y de los ideales. El ocaso del nombre del padre como ordenador, como orientador, con su función de interdicción de un goce en exceso. En la película, creo no es azarosa la ausencia prácticamente de padres, aparecen adolescentes solos, desamarrados. Solo hay una breve aparición de la familia de la chica, aquella que no se deja fascinar por las comodidades que ofrece la ola. Se observa un padre mirando la televisión con el novio de la hija, luego cierto juego sexual de los padres delante de la hija y finalmente la chica que confronta en relación a la crianza del hermano menor. La madre responde que el niño “encontrará los límites por sí solo”.

Otro aspecto propio de la subjetividad de nuestra época son los imperativos de goce. El imperativo “Goza” y la oferta ilimitada de objetos que el mercado ofrece, el para todos propio del discurso capitalista. Se trata así, de un empuje al goce desenfrenado, no articulado al Padre ni  la castración, la ausencia de sentido y una época que muestra la fragmentación de los lazos sociales.

Quisiera poner el foco en como todo aquello, da lugar en la película a la búsqueda de un significante amo que seduce, un S1 sin significación que borra las diferencias y brinda la ilusión de hermanarse en él. Este S1 seduce porque ofrece a los sujetos la ilusión de darle una consistencia posible al Ser y esto los protege de la angustia de saberse divididos. Aporta una certeza y en ella quedan alienados al significante amo que los comanda. En este sentido resulta ilustrativa y simpática la escena en que los estudiantes del curso de anarquía solicitan pasar al curso de autocracia.

Al final de la película se presenta los siguientes recortes de ideas de los alumnos: “Siempre he tenido todo lo que quería: ropa, dinero, etcétera. Pero lo que más tenía era aburrimiento. La Ola nos ha hecho iguales, nos ha dado un ideal por el que luchar.”

Me pregunto y creo que es un punto interesante a trabajar, el lugar del aburrimiento hoy en los adolescentes, pero también de toda la sociedad en general. La noción de aburrimiento siempre me interrogó, incluso es algo que por lo menos en mi práctica me encuentro con cierta regularidad, niños o adolescentes aburridos. Así intenté rastrear algo sobre este concepto y encontré algunas cosas interesantes. La palabra Aburrir proviene del latín Abhorrere. A (sin) Horrere (ponerse los pelos de punta). También la palabra aborrecer y horrible tienen origen similar. Y al respecto Lacan plantea en el Seminario 26 “el aburrimiento en el fondo es lo que se produce cuando un sujeto ya no es apto para la sorpresa, para el asombro, hablo siempre del asombro en el sentido fuerte, en el sentido de la verbluffang, del anonadamiento.” Y en Radiofonía ubica al aburrimiento como un afecto del deseo de Otra cosa. “La evidencia entre nosotros que de una tal caída el significante sucumbe al signo surge de que, cuando no se sabe a qué santo encomendarse (dicho de otro modo: que no hay más significante por malgastar, es lo que suministra el santo), se compra cualquier cosa, por ejemplo un coche, con el que produce un signo de complicidad, si pudiera decirse, con su aburrimiento, es decir con el afecto del deseo de Otra-cosa (con una O mayúscula)”.

Eric Laurent por su parte en la revista Enlaces precisa: “El psicoanálisis lucha contra la depresión y el aburrimiento por que afirma al sujeto, que en el horizonte de la subjetividad de su tiempo, hará siempre un agujero en el Otro. No hay ninguna reconciliación en el horizonte, estará siempre la discordia, lo que no significa querer estar solo contra todos. El psicoanálisis es una paranoia que debe estar dirigida. Se trata de encontrarse verdaderamente solo, sin remedio, pero continuar dirigiéndose al Otro, sabiendo la posición que ocupamos.”

Para finalizar creo que estas citas son esclarecedoras para pensar justamente cómo se las arregla el ser hablante con el “no hay relación sexual”, el lugar que tienen en ello las identificaciones como un intento de ilusión narcisista de complementariedad y como lo que se encuentra al final es la discordia que las identificaciones no alcanzan a resolver. Se está irremediablemente solo en lo que respecta al cuerpo y al goce lo que no impide establecer lazos desde allí.

Marcia Kuthnik

CID San Luis

 

Al terminar de ver la película inmediatamente lo que me irrumpieron muchas preguntas, entre ellas: ¿qué función ocupa una organización para un sujeto, más allá de la lógica del uno por uno? ¿qué es lo que lleva a un sujeto a ser parte de una masa? ¿Cómo es que se puede resignar el narcisismo propio para someterse a un imperativo de obediencia ciega como ocurre en La Ola? ¿Y qué le sucede subjetivamente también al que no consiente a formar parte de La Ola (como el personaje de Karo)? En relación al líder, ¿cualquiera puede ocupar ese lugar? Y por último no puedo dejar de preguntarme ¿qué relación tiene todo esto con lo que pasa en nuestra época y el malestar de nuestra civilización?

Intentaré ir respondiendo al menos a algunos de estos interrogantes, siempre teniendo en cuenta lo que nos convoca este año en el ciclo de cine: amor, odio y segregación. Términos que considero, no se pueden pensar uno sin el otro.

En la película vemos como de a poco se van agregando a las clases los contenidos ideológicos, dándole mayor consistencia al agrupamiento, es decir, se pone de relieve el valor de las insignias, la camisa blanca, un logotipo, un saludo y numerosos elementos simbólicos que llevan a la equiparación de los individuos del grupo. Freud en Psicología de las masas y análisis del yo (1915) explica que en el mantenimiento de una formación colectiva los sujetos se comportan como “cortados por el mismo patrón: toleran todas las particularidades de los otros, se consideran iguales a ellos y no experimentan el menor sentimiento de aversión. (…) Tal restricción del narcisismo no puede ser provocada sino por un solo factor: por el enlace libidinoso a otras personas. El egoísmo no encuentra un límite más que en el amor a los otros.”  Aquí aparecen dos términos muy importantes en su teoría: el de identificación por un lado y libido por el otro. Es en el plano de lo afectivo donde Freud se apoya para explicar la ligazón entre los miembros y recurre al concepto de libido. El amor entre los miembros y el del jefe por cada uno de ellos produce la cohesión de la masa, sustentada por la creencia.

La creencia es el eje alrededor del cual gira la fuerza de la masa. Mientras cree, se fortalece la ilusión (de poder, de invulnerabilidad, de verdad) y la masa se mantiene y desarrolla. Cuando la creencia se rompe y la ilusión cae (como en el caso de Tim) se produce la desorganización y el pánico que podemos ver en el fin de la película.

Respecto a la identificación, podemos ver que cada uno tiene como soporte a los otros. En la masa se “es” en la medida que los otros nos confirmen lo que nosotros somos y a su vez delimitan la diferencia con aquellos que no son similares. Vemos en la película claramente cómo se da el sentimiento de compañerismo, de inclusión, de pertenencia, una fuerza que pareciera indestructible: “la fuerza del grupo” (frase del comienzo). Los que antes estaban excluidos, ahora son integrados, los que no tenían carácter fuerte ni solían expresar sus sentimientos, ahora tienen la fuerza para hacerlo, el que no tenía más que dinero y cosas materiales, ahora tiene un lugar donde pertenecer. Se da esa sensación gozosa de perder el “sentimiento de individualidad” (McDougall en Freud), y son cada uno arrastrados, como por una ola. Son La Ola y eso los convierte en amigos, frente a los otros, los que no lo son. Se instala así la paradoja de un grupo homogéneo que ama u odia desde su segregación y cada miembro adquiere una mentalidad bárbara y primitiva.

Freud, en el mismo escrito mencionado anteriormente, piensa las formaciones colectivas a partir de la referencia al Ideal del Yo. Todos los alumnos de la clase, han puesto al profesor en el lugar del “ideal del yo”, con el cual se han identificado y a la vez ellos se han identificado entre sí. Él es el conductor, el líder, y se ubica en un lugar idealizado y lo sostiene. Cuando el líder cae de su lugar de ideal, se descompone la masa y a consecuencia de ello se produce un vacío que deriva muchas veces en una angustia difícil de tramitar, lo que podemos ver hacia el final del film cuando Tim en un pasaje al acto mata a su compañero y luego se suicida. Además, algo que resulta interesante observar, es que el líder cae porque de alguna manera, él también es arrasado por la ola, ya que la sensación de poderío lo atrapa, acaba gustándole, y hace emerger “eso” a lo que llamamos “lo siniestro” (el rostro siniestro de lo familiar (el concepto freudiano que nos remite a esto es el de unheimlich, lo ominoso, lo más próximo y ajeno), lo que lo hace responsable subjetiva y jurídicamente.

Bajo la convicción de una identidad compartida, se genera La Ola, Significante Amo que aliena y suscita la ilusión de una identidad de goce común que resulta segregacionista: “los que no están conmigo, están contra mí”, lo que podemos ubicar como causante de la violencia y de diferentes formas de exclusión, como en el caso de Tim para quien La Ola se convierte en su vida, hasta el punto de comprarse una pistola para defender a cualquier miembro del grupo (también los que juegan waterpolo). Lo que se juega allí no es sólo la agresividad imaginaria, que se dirige al semejante, sino al igual que en el racismo, se odia al modo de gozar del Otro, y en su consecuencia aparece la segregación.

El discurso supone un orden que implica modos de gozar, diversos. En el odio, se da un no soportar el goce del Otro. Lacan menciona el ascenso del racismo con “el odio al goce del Otro” (Lacan, 1964), que Jorge Aleman explica cómo no siendo solamente el odio a la diferencia, sino que implica un “desconocimiento radical del sujeto sobre sí mismo, sobre sus goces más secretos”, un sujeto que la mayoría de las veces desconoce los resortes últimos de su rechazo. Con esto, se vislumbra que en el odio se juega una suerte de torsión entre el rechazo al Otro y el rechazo a lo extranjero en uno mismo. Todo sujeto es extraño a su ser más íntimo. Eso mío que anida en el Otro, ese manojo de goce que me pertenece, pero no está en mí, puede ser lo más familiar que encuentre en el Otro, pero también lo más extraño. Fuente de mi amor y de mi odio. Ese resto inasimilable del cual hago portador al Otro, puede suscitar mi rechazo y esta es la base del fenómeno de violencia.

Hoy

Dejo la pregunta abierta en relación a lo que pasa en nuestra época y el malestar de nuestra civilización, teniendo en cuenta el comienzo de la argumentación de nuestro ciclo: “Historias que tejen tramas de amor y de odio, hilos sueltos, segregación a la orden del día…” doy lugar a otro discurso.

Silvina Bigolín

                                                                                            CID San Luis

 

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