viernes , marzo 5 2021
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El inicio de las psicosis: desencadenamientos

Sohar Ruiz, nos invita a pensar el título propuesto para la clase: “El inicio de las psicosis: desencadenamientos”.          A partir del cual va a decir que en el nivel de la diacronía sí podemos hablar de un comienzo para las psicosis, pero a nivel de lo sincrónico no hay comienzo, haciendo referencia a la dimensión estructural de las psicosis, es decir, son por estructura.

Otra cuestión que se desprende del título, es que hay una pluralización de los desencadenamientos. Sin embargo, leyendo a Lacan, nos encontramos con el esfuerzo de la no pluralización de los desencadenamientos, sino que hay el desencadenamiento. Un esfuerzo orientado a hacer del encuentro con Un-Padre el momento dramático, coyuntural y contingente del desencadenamiento.

Sohar argumenta que el Seminario 3 es una cocina de lo que es el texto De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis. En el Seminario está tramando siempre la idea de un significante primordial de la virilidad y la paternidad, pero la formalización de esto está en el texto mencionado. Allí, Lacan va a trabajar cómo aparece el desencadenamiento, va a decir que para que una psicosis se desencadene es necesario que el Nombre del Padre forcluido sea llamado allí en oposición simbólica al sujeto. El primer interrogante que aparece es ¿cómo puede ser llamado al lugar donde nunca estuvo?

El docente nos va a plantear un esquema que parte de una condición: el rechazo de un significante primordial, no hay separación entre sujeto y objeto. Luego estaría el soporte, a la manera de un sostén imaginario. Después está el desencadenamiento, donde lo que resalta como fundamental es que este punto es contingente. Al final del esquema estaría la estabilización. Es decir, la ausencia del significante produce un agujero en el significado, entonces lo que hay es una estabilización delirante.

Sohar nos lleva a lo medular de la clase al decir que aquí aparece el Un-Padre. Es necesario que ese Un-Padre venga al lugar vacío del Nombre del Padre, considerando una indicación clínica ubicar esta coyuntura dramática, la cual, insiste, es contingente.

Para precisar más respecto del tema en cuestión, el docente plantea que una psicosis no desencadenada no es lo mismo que la prepsicosis. Lacan rescata de Katan el concepto de pre-psicosis. Y puntualiza aún más diciendo que hay dos fenómenos para el desencadenamiento de la psicosis: uno es la perplejidad, la aparición de un vacío, que es significación de la significación, lo que Clérambault llamó pequeño automatismo mental, que son esos detalles mínimos. El segundo fenómeno tiene que ver con los fenómenos de franja. Sobre esto se va a desarrollar el gran automatismo mental, donde aparece el delirio y la alucinación.

Sohar nos remite a lo que plantea Daniel Millas al argumentar que Un-Padre es cualquier cosa que viene a romper la pareja imaginaria. Esto también implica una desregulación de goce, en este sentido, hay algo de lo indecible en este punto.

El docente continúa su argumento resaltando que Lacan piensa a la psicosis como un enunciado sin enunciación, hay un aplastamiento del enunciado y la enunciación en el decir psicótico. Destaca que Lacan insiste en orientarse por el significante, no por la significación. Lacan habla de la aparición de un significante nuevo y lo devastador que esto resulta. Entonces si no está el Nombre del Padre no hay significación fálica, algo falló en el Edipo. Entonces, Sohar se pregunta ¿qué queda cuando falta el significante que significa el padre? Le queda la imagen del padre, que no entra en la dialéctica edípica, que no está en función significante sino que está funcionando como imagen. Para ilustrar lo dicho toma el caso clínico de Katan para ubicar un mecanismo de compensación imaginaria del Edipo ausente. Lo que se destaca acá es la presencia de un deseo en el campo del Otro. Porque no está el Nombre del Padre esa iniciativa del Otro no es significada fálicamente, sino que desencadena una psicosis franca. Es decir, la iniciativa del Otro implica un hueco en el campo del Otro.

Para finalizar, el docente nos introduce en lo que va a considerar como central en el desarrollo de su exposición, diciendo que la psicosis presentifica la inconsistencia del Otro. Es precisamente aquí donde Sohar ubica la inquietud respecto de cómo articular esta cuestión. Lo responde con Maleval, con la incompletitud del Otro. El Nombre del Padre significa fálicamente la inconsistencia del Otro. Cuando se da el desencadenamiento de la psicosis aparece Un-Padre real cuyo goce maligno parece buscar ejercerse contra el sujeto, la existencia de un Otro gozador. La confrontación con la incompletitud del Otro, es lo que hace que surja un padre gozador. De ahí que siempre el Otro es malo. Una versión del Otro malo es Un-Padre.
Agradecemos a Sohar Ruiz por su clara e interesantísima conversación y por la enriquecedora articulación entre el Seminario 3 y De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis.

 

Jessica Temperini
CID San Luis
IOM2

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