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Clínica de las psicosis bajo transferencia

Silvia Baudini comienza con una orientación clara: el enigma de la psicosis será abordado partiendo de que la misma no constituye un déficit en relación con la neurosis. Freud no juzga al loco en términos de déficit y de disociación de funciones. Retomando esto Lacan propone pensar el sujeto como tal en la psicosis, ubicándolo dentro de una continuidad.

Así la psicosis quedaría situada no sólo en el lugar de la ruptura, el desencadenamiento, la discontinuidad, sino que nos indicaría justamente lo más singular de los arreglos que cada sujeto psicótico hace con aquello que hace agujero para él.

Tanto lo francamente psicótico como lo “normal” son variaciones de la situación humana, de la posición de hablantes, del ser en la existencia del parlêtre. Ni el psicótico ni el “normal” son excepciones, todos iguales frente al goce. Lacan dice: todo el mundo delira.

En el texto de la Presentación de las Memorias…, Lacan plantea una polaridad: sujeto del significante y sujeto del goce. ¿Hay sujeto en la psicosis? Desde esta perspectiva decimos que sí lo hay: el sujeto no es sólo lo que representa un significante para otro significante, si no que también hay sujeto del goce.

Lacan dará una definición más precisa de la paranoia en ese mismo texto: el paranoico es aquel que identifica el goce en el lugar del Otro como tal.

Ante eso que le viene de afuera, del Otro o del cuerpo y no puede localizarse el sujeto puede tomar distintas vías: el neurótico localiza el goce en el fantasma y lo usa para apropiarse de algunas satisfacciones. El perverso realiza lo que el neurótico sueña: utiliza el goce en el pasaje al acto de la escena fantasmática. Para el sujeto psicótico este goce se presenta como una certeza enigmática. Él sabe que se dirige a él, que eso le concierne, que quiere algo de él pero no sabe qué quiere decir.

Como primer punto Lacan destaca aquí al lenguaje como articulado: un elemento solo se puede sostener por su diferencia con otro, son elementos diacríticos, es decir un significante (S1) siempre está en relación con otro significante (S2). En el caso de la psicosis, el S2 no adviene o si adviene lo hace como delirio. Frente al significante de la perplejidad (S1) el paranoico recurre a un S2 que es un delirio.

El otro punto fundamental es el Nombre del Padre. Para que se desencadene la psicosis tiene que ocurrir que el N del P forcluido que nunca advino al lugar del Otro sea llamado en oposición simbólica al sujeto y frente a ese agujero surge el horror. A esta altura de la enseñanza de Lacan y tomando la psicosis en el campo de la discontinuidad y la ruptura, el trabajo de estabilización es la metáfora delirante.

Desde estos dos puntos: el del significante diacrítico y el del N del P avanzamos hacia las reformulaciones que permiten pensar la psicosis ordinaria. La psicosis ordinaria no es una categoría clínica, es un trabajo de investigación. Convocados a no juzgar lo nuevo, lo que viene hoy con lo anterior, esta lectura invita a desprenderse de las categorías clásicas, sin olvidarlas ni desconocerlas, para poder acoger las nuevas formas clínicas con las que nos encontramos en lo cotidiano. Las psicosis ordinarias desde esta hipótesis nos llevan a acentuar lo singular, los arreglos que puede hacer cada sujeto para mantener juntos el significante y el goce. No se intenta ya reconstruir una metáfora delirante, si no se apunta a encontrar ese arreglo singular.

Podemos hacer esta lectura actual de la psicosis por que el significante para Lacan en la última enseñanza está tomado sin su articulación con otro significante, es un S1 solo. Hay dos cuestiones que permiten ubicar las psicosis ordinarias, planteada por Miller, uno es la existencia de un significante solo y la otra se trama en las elaboraciones sobre la sexualidad femenina más allá del Edipo, ubicándola como el régimen del goce como tal. La psicosis ordinaria es un asunto de detalles que nos permite ubicar allí que se trata de un cuerpo hablante.

La docente marcó una importante indicación clínica respecto a la interpretación, esta es el acto, el analista está vivo y transmite lo vivo de la existencia.

Para concluir la clase, S. Baudini retomó el concepto de que la psicosis implica “un desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto”

[ J. Lacan, “De una cuestión preliminar…”,  p. 540.], desorden que no responde al Nombre del Padre, donde lo más íntimo es lo más éxtimo, ese goce que invade desde el Otro o del cuerpo que es Otro, una externalidad que no se ajusta al sujeto y no anuda el sentimiento de la vida.

Myriam Ruth Caminos
CID San Luis
IOM2

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