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Foro de Cine debate N° 3: “Asuntos de familia en el mundo contemporáneo”: Un asunto de familia

 

 

 

“Un asunto de familia”

Año: 2018 – Japón – Dirección: Hirokazu Koreeda

 

Foro de Cine debate N° 3: “Asuntos de familia en el mundo contemporáneo”

Coordinan: Patricia Lucero – Norma Sierra

Los textos que se presentan a continuación son los comentarios del Foro de Cine debate N° 3: “Asuntos de familia en el mundo contemporáneo”, coordinado por Norma Sierra y Patricia Lucero, que se realizó en el CID San Luis desde septiembre hasta diciembre de 2020. Colaboraron: Florencia Landolfo, Celina Coen, Marcela Finos, Fernanda Manrique, Eva Mallea, Patricia Rojo

Se propuso explorar las figuras del padre en la sociedad contemporánea, a través de lo que nos enseñan cuatro películas seleccionadas para el foro: Un asunto de familia, Parasite”, Family Romance, LLC y Derecho de familia.

Invitamos a psicoanalistas y profesionales de otros discursos a enviar comentarios sobre alguna de las películas propuestas que fueron subidos a la fanpage de Cine debate del CID San Luis desde septiembre hasta diciembre de 2020.

Reseña

 Asuntos de familia, entre destino y elección

 Por Norma Sierra y Patricia Lucero

Coordinadoras del Foro – CID San Luis

 

¿Qué son los asuntos de familia que nos interesan como psicoanalista? En el comentario que abrió el foro, José Vidal señala que “no es la familia la que hace la represión, sino que, por el contrario, es porque hay represión que existen la familia y la sociedad”. Y si estas prohibiciones no existen habría que inventarlas, porque es una pérdida de goce lo que hace posible la cultura. “Un asunto de familia” muestra esta invención de la familia como un bricolage, nos invita a pensar sobre sus consecuencias a nivel de la constitución del sujeto y su lazo social. Invención sostenida en el amor y la creencia en los semblantes, lo cual se presenta de cierto modo como poco creíble, en esta época marcada por la inexistencia del Otro y la fragilidad del lazo que acompaña a los personajes de la película, pero también a nosotros como espectadores. “La perversión está muy presente en la película por su ausencia”. Una presencia sutil, en la desconfianza de quien no se presta a creer que pudiera haber algo digno allí, donde incluso falta lo más elemental para la supervivencia. Este es un “divino detalle” señalado por el comentario de José Vidal, que nos interpela, hace que nos involucremos desde nuestra propia mirada, no de la que mira desde el palco o el lugar de simple espectador, sino desde el lugar del analista que puede estar a la altura de la subjetividad de la época, como nos enseña Lacan.

Los asuntos de familia se tratan de cómo se está en la palabra, varios de los comentarios apuntan a este aspecto que aborda la película, tal como indica Matías Meichtri Quintans, al señalar que “la experiencia de estar en la palabra, es esencialmente una experiencia de goce, y la historia que nos relata el director de esta película excepcional, lo muestra de manera impecable…”. Los personajes se escogen, y “esa elección sella de manera indeleble un vínculo entre cada uno de ellos”.

también esta película puede ser interpretada como un cuestionamiento a la familia tradicional, como lo hace Mariela García Mut, para entender la importancia vital del amor y el deseo por sobre los lazos de sangre. Los vínculos que se establecen entre Osuma, Shota, Li, la ley, transmiten algo fundamental en relación al padre, su función de síntoma.

El efecto del capitalismo, la marginalidad económica en la que viven los personajes de la película, lleva a Patricio Torne a plantear la interesante vuelta que nos permite encontrar esta película sobre el estigma social de “marginalidad igual violencia”. Nos invita a interrogarnos sobre las distintas formas de violencia en los vínculos.

Ailén Silvage introduce su perspectiva sobre la película diciendo que “contrasta con la estética de la familia convencional, aquella que condensa los valores de la moral cultural moderna. Es la antítesis de la típica familia de propaganda de Cocacola …”. Introduce una pregunta que apunta al corazón de la cuestión ética que ubica en la decisión de los adultos que deciden tomar a su cargo a los niños que encuentran desamparados, “¿hicieron bien en adoptar como hija a la niña? ¿secuestro o salvación? ¿rapto o adopción amorosa y compasiva? ¿Cómo leer desde el psicoanálisis ese acto? Acto ilegal que tendrá, empero, efectos subjetivantes en Yuri/Lin”. Es un tema que no aborda particularmente la película, pero como espectadores, y atravesados por una parte oscura de nuestra historia, de apropiaciones de niños por su supuesto bien, la pregunta de Ailén nos invita a interrogarnos por la dimensión ética del acto de Osuma. En su comentario podemos encontrar alguna pista para reflexionar sobre este aspecto, al hablar de la familia como “una red de lazos voluntariamente decididos”.

Gimena Garibotti nos interpela con una pregunta ¿Dar a luz te convierte automáticamente en madre? Como este interrogante, focalizamos que hay otros que recorren esta película.

Subraya que esta historia da cuenta de cómo esta familia está formada por personas que de alguna manera han sido descartadas y segregadas desde la lógica del capitalismo. Sin embargo, se puede ver como hay una transmisión de un deseo que no es anónimo por parte de aquel que se coloca en el lugar del padre. En el entretejido que hace del film y el argumento, Gimena, nos orienta a cómo por el amor y el deseo encarnado por un agente se refrena el goce en los sujetos.

Gerardo Rotte nos dice que lo que hace familia para un sujeto, es el consentimiento a formar parte de un relato que lo introduce al lenguaje y a la cultura. Valiéndose del psicoanálisis, enfatiza que una familia se juega en una dinámica de relaciones con el Otro y el goce. Donde lo que la define como tal es quienes la comportan en sus funciones, materna y paterna, como condición sine qua non para garantizar la existencia del sujeto. Destaca como detalles no menores algunos lemas “los que de verdad te quieren no te dan golpes, dan caricias” y “lo que está en la tienda aún no es de nadie” asintiendo al “trabajo compartido” de robar como forma de ser parte de una familia. Las escenas muestran la imagen de una familia afectuosa, llena de risa y entendimiento, donde el saber circula y la ley, aunque porosa, parece funcionar.

En su comentario, Gerardo, ubica una pregunta ¿Esta es una familia verdaderamente feliz o es una felicidad impostada? que la reformula en ¿Es una familia o es una familia impostada? Bajo la luz de estos interrogantes pretende despertar una posición crítica del espectador.

 

COMENTARIOS

Por José Vidal

AME de la EOL y AMP – Córdoba

 

Un asunto de familia o Shoplifters (rateros de tiendas)

Dirigida, montada y guionada por Hirokazu Koreeda

En la entrevista “Televisión”, cuando le plantean que hoy se goza poco debido a que la sociedad, la familia y el capitalismo reprimen la sexualidad, Lacan responde de manera sorprendente: no es la familia la que hace la represión, sino que, por el contrario, es porque hay represión que existen la familia y la sociedad. De modo que la represión es primera, el inconsciente ex – siste por el hecho de hablar. Al hablar, hacemos existir toda una dimensión que no pueden decirse, de lo prohibido. El significante desnaturaliza toda necesidad y nos exilia de la relación sexual, la que sería propia del animal y, para tramitar ese real, creamos ficciones que podemos llamar la familia, el padre, la ley y, más allá, la sociedad, la política, etc.

Pero dice más aún: si no estuviesen las interdicciones efectivamente producidas por los padres, habría que inventarlas. La sociedad, desde la perspectiva freudiana de “El malestar en la cultura”, es la consecuencia de una renuncia, es una pérdida de goce lo que la hace posible.

Es exactamente eso lo que viene a mostrar la estupenda película japonesa “Un asunto de familia”. Que, en la época del Otro que no existe, en el momento en que las figuras parentales no tienen dónde sostenerse, en el tiempo de la civilización capitalista que deja al sujeto sin referencia alguna, sin un significante con el cual representarse en lo social, habrá la invención del lazo familiar y social a partir del amor, aún allí donde falta lo más elemental para la supervivencia.

“El orden familiar solo traduce que el Padre no es el genitor y que la Madre sigue contaminando a la mujer para la cría del hombre; el resto se sigue de ahí” (Lacan, Televisión, Otros Escritos, p. 558)

Así que la película nos muestra un gran tema de la época que es la familia ensamblada, como heredera de la decadencia del nombre del padre, pero llevando esta idea hasta el límite dándonos recién en el final una certidumbre sobre hasta dónde la familia solo existe por la capacidad de creer en los semblantes que la fundan.

No hay humanidad sin familia. La prematuración del ser humano, su incapacidad de sobrevivir sin el otro durante sus primeros años, hace de la familia el soporte mismo de su existencia. Después, el lenguaje hará el cómo de esa construcción. “Maldita familia”, el título que puse a una revista, dice que, a la vez que es imprescindible, es la causa de nuestro mayores padeceres.

Una pareja de ladronzuelos encuentra a una niña que está sufriendo justamente del maltrato y el abandono de sus padres, dejada fuera de su casa en el frío y, con la mayor naturalidad, la adoptan, la cuidan, le dan cobijo.

La perversión está muy presente en la película por su ausencia. Nos hace esperar todo el tiempo que algo pase en el sentido del abuso, del exceso, de la violación, pero solo hay gestos de cariños, inocentes, suaves, tiernos, que nos hacen replantear hasta qué punto está envenenada nuestra propia mirada sobre el amor. Hoy en día es difícil hablar de las relaciones humanas sin reducirlas al derecho al goce, a la víctima, a la violencia.

La posición de los personajes, como un telón de fondo nunca mostrado, es la de los que han sufrido en carne propia el abandono, el abuso y el rechazo cada uno de ellos, y con esa falta es que van construyendo su familia como un bricolage.

Nos obliga, la película, a pensar que sería posible otro trato humano que no sea de la crueldad, de la apropiación del otro, un lazo fundado en el respeto a la diferencia, en el amor, en la creación. Es, tal vez, una mirada esperanzada sobre el futuro

 

Por Pato Torne

Escritor – Villa Mercedes

 

Podría comenzar diciendo dos aseveraciones irrefutables que surgen del film. La primera, que trata de una familia que no le es o, dicho de otro modo, una familia configurada, no por los lazos de sangre, sino por el deseo de existencia puesto por cada uno de los integrantes. La segunda que no por ser desclasados y vivir al margen de la ley, la violencia es patrimonio de su existencia.

La primera no se explicita hasta el final, pero próximo a él, cuando todo se derrumba, surge con claridad que hay lealtades más profundas que las posibles entabladas por lazos de sangre, y la segunda, esa que hace de la violencia la carnada más fácil para hablar de una familia como esta, es reemplazada por la ternura. El padre que con el niño van de afano al súper, es otro niño celebrando el modus operandi de su complicidad. Los personajes pueden ser generosos, protectores, solidarios, interesados y también criminales, pero por sobre todo leales a un principio de convivencia que, para cualquiera de nosotros, puede llegar a ser escandaloso.

La paternidad de Osuma es un ejercicio de protección, y en esa protección hay una celebración de la misma, lo demuestra con Shota a quien prepara (según su modo de ver las cosas) para la subsistencia, pero muy particularmente con Yuri a quien rescata de sus padres abusivos, y es aquí donde surge la pregunta latente en todo el film: ¿Qué importa más, los lazos de sangre, y aquí los padres de Yuri, o los afectos que esta nueva familia le brindarán a la pequeña?

Más allá de toda distancia cultural, lo que hace Hirokazu Koreeda, es dar vuelta el sentido de marginalidad igual violencia. Lo amoroso recorriendo la piel y las escaras de un cuerpo social fácilmente condenable.

 

Por Matías Meichtri Quintans

AP de la EOL y AMP – Córdoba

 

Como toda buena obra de arte japonesa, Un asunto de familia, no escapa a la sutil elegancia con la que se tratan algunos temas.

Me interesa subrayar dos detalles, que en mi opinión muestran lo que implica estar en la palabra.

Esta expresión estar en la palabra ya propone una inversión en la que no se trata tanto de la manera en la que cada quien se apropia del lenguaje para comunicar sino, como lo sitúa Lacan en su escrito La carta robada, cómo un lenguaje determina al sujeto.

Cito a Lacan: “Si lo que Freud describió y redescubre de manera cada vez más abierta, tiene un sentido, es que el desplazamiento del significante determina a los sujetos en sus actos, en su destino, en sus rechazos, en sus cegueras, en sus éxitos y en su suerte, a despecho de sus dotes innatas y de su logro social, sin consideración de su carácter o el sexo…”[1]. Podemos decir así que la aventura familiar de estos personajes está determinada por el significante.

La experiencia de estar en la palabra, es esencialmente una experiencia de goce, y la historia que nos relata el director de esta película excepcional, lo muestra de manera impecable en dos detalles:

1º un deslizamiento, que se reitera en varias escenas en las que se pasa del diálogo al monólogo. Por momentos uno no sabe si los personajes piensan en voz alta o precisamente se están dirigiendo a un interlocutor. De allí rescato una afirmación que tiene el valor de un verdadero saber para estos personajes: “en general no se escogen a los padres (…) por eso el vínculo es más fuerte cuando se escogen”. La película no muestra como se fue consolidando esta familia alrededor del personaje de la abuela, pero lo que sí queda claro es que se escogen. Esa elección sella de manera indeleble un vínculo entre cada uno de ellos.

2º un código de señas con las manos que van incorporando los menores de la familia y que se pone en juego cuando están robando en alguna tienda. No sabe el espectador lo que eso quiere decir ni para qué está hecho. Funciona como una lengua privada y compartida entre ellos… Por momentos uno puede deducir, que se trata de unas señas que comunican algo, por momentos parece un rito, o más bien un cálculo supersticioso. No importa.

Lo que verdaderamente interesa es que ambos detalles abonan a la idea lacaniana según la cual estar en la palabra no implica exclusivamente su uso para la comunicación sino -y fundamentalmente- para el goce.

Hay una experiencia de la vida cotidiana de Lacan que relata en el seminario 11 y que ubica a mi modo de ver, cómo se consolida la función del significante en tanto condensador de goce. Es una experiencia que muestra de manera ejemplar la forma en la que el infante se apropia del significante y conformando un modo de funcionamiento familiar.

Se trata de un microrrelato en el que Lacan se expone sin resignar una sola palabra a la eficacia de su doctrina.

En la escena están un niño traumatizado, su madre y Lacan.  Traumatizado porque a pesar del esfuerzo precoz por soltar un sonido con el que busca retener a Lacan, éste se va sin responder.

El sacrificio faunético[2] del niño por convertir un sonido en llamado no logra el efecto buscado.

No hay respuesta del Otro, sólo ausencia.

Además de la ausencia, hay repetición: durante meses el niño sigue repitiendo esa suerte de llamado.

Relata Lacan haber visto, tiempo después, la respuesta sintomática del niño cuando lo tomaba en brazos: “apoyar su cabeza en mi hombro para hundirse en el sueño, que era lo único que podía volverle a dar acceso al significante viviente que yo era desde la fecha del trauma”[3].

Sus brazos, el hombro, en definitiva, el cuerpo de Lacan se vuelve significante viviente para ese niño que, haciéndose sostener mientras duerme, encuentra la manera de garantizar la presencia del padre.

La palabra sueño, utilizada por Lacan, sugiere al menos dos cuestiones. Por una parte, que la retirada del niño de su vida de vigilia implica suspender las funciones vitales que lo mantendrían despierto. Por la otra, evoca que con ese recurso surge la solución onírica de apropiarse del adulto.

El título “un asunto de familia” con el que este film se comercializó para el público de habla hispana, creo que viene justo para entender que apropiarse del lenguaje, del Otro, siempre es un asunto de familia, es decir que no se puede hacer por fuera de la estructura

Volviendo al ejemplo de Lacan, podemos decir que este niño, sumido en el silencio del sueño, regresa al lazo con aquel que, ahora, no necesita llamar para que esté ahí.

 

Por Mariela García Mut

AP de la EOL y AMP – CID San Juan

 

Una película que plantea cuestiones sobre la familia, el amor y la sociedad actual, en un Japón, donde el capitalismo segrega salvajemente a niños, adultos y ancianos que no encajan con los estándares del estatus social.

Si la familia, entendida como un vínculo de sangre se convierte en un sufrimiento que condiciona la vida de los protagonistas, ¿existe otra variable que pueda superarla y reemplazarla?…creo que es lo que nos presenta Koreeda en este film.

Cuestiona el concepto tradicional de Familia como espacio donde se encuentran los padres, en una red de relaciones que tiene base biológica. Aunque también la Familia es una institución social variable según las civilizaciones.

Dice Lacan que nos interesa la familia por los padres, que están interdictos sexualmente para sus hijos y a su vez los hijos interdictos para los padres.

A koreeda le interesa mostrar que el afecto y deseo de subsistir unido a la convivencia, es lo que convierte a un grupo de personas en una familia.

Se me ocurrió pensar en la figura de Osamu, el padre de esta trama, y preguntarme si cumple la función síntoma, que es la función de excepción que tiene un padre. Para esto en la clase 21/01/1975, Lacan en su seminario RSI anuncia una axiomática: Un padre no tiene derecho al respecto, si no al amor, más que si el dicho amor, el respeto está pere-versament orientado, es decir hace de una mujer objeto (a) que causa su deseo.

Así Lacan realiza un desplazamiento de lo Simbólico a lo Real al marcar que el amor, no está necesariamente requerido y no es índice de la función, sino más bien que interviene en el buen caso para mantener la represión como garantía de su función de padre, la cual es función de síntoma. Para esto es suficiente que sea modelo de función, al realizar su tipo.

Su perversión es que su causa sea una mujer que él ha conseguido para hacerle hijos y que estos, los quiera o no, les brinde cuidado paternal.

Me pareció muy pertinente lo que enuncia Lacan aquí para explicar cómo Osamu cumple la fx de padre y síntoma para su hijo Shota, quien roba con él y de quien espera ser nombrado como padre. Es mediante la escena del Kiosco, donde Li hace su primer robo, acompañada por su hermano, Shota , quien a mi entender hace síntoma a partir de que otro cuestiona y sanciona lo que su padre le ha enseñado como inapropiado y le dice que no le enseñe a su hermana a robar. Comienza a cuestionar el modelo de padre que es Osamu y eso traerá consecuencias que darán un giro de sentido a la familia que hasta ese momento parecía muy armoniosa, afectuosa y acogedora.

Sigo con Lacan en esa clase de RSI: La normalidad no es virtud paterna sino el justo-medios, o sea el justo decir a condición de que no sea demasiado transparente ese no decir, es decir, que no se vea inmediatamente de que se trata en lo que no dice.

Y esto es justo lo que se presenta en la segunda parte del film. A partir de que Shota se hace atrapar por la seguridad del supermercado al que fue a robar con su hermana Li. Se abre una serie de cuestiones en donde lo familiar queda atravesado por el discurso de la ley y eso trae como consecuencias que Nobuyo, la madre, asuma las responsabilidades de su deseo de ser madre y le devuelva a Shota su identidad.

Osamu como figura paterna ¿cumplió su función de modelo, de síntoma?

El final responde a esta pregunta: Shota lo nombra Papá.

 

 

Por Ailén Silvage

Participante CID San Luis

 

¿Qué define a una familia como tal?

La película dirigida por Hirokazu Koreeda juega con el concepto de familia. ¿Qué inaugura una red de lazos configurándolos como familiares?

Se presenta un argumento controversial, en múltiples sentidos.

Contrasta con la estética de la familia convencional, aquella que condensa los valores de la moral cultural moderna. Es la antítesis de la típica familia de propaganda de Cocacola, donde está bien claro quién es el papá, la mamá y los/as hijos/as, que por lo general son dos.

En esta película no es evidente en primera instancia qué relación tienen los personajes unos con otros, aunque si puede captarse un “clima familiar” y lazos afectivos entre los protagonistas.

Por otro lado, resulta controversial porque es una familia fundada en la transgresión de la ley. El personaje Osamu Shibata enseña a Shota a robar y le transmite la enseñanza de que no es necesario pagar. La ley existe para transgredirla. “Es muy caro”, le dice Shota a Osamu, “si lo pagas” le responde entre risas quien oficia de padre para ese niño.

Asimismo, la forma en que la pequeña Yuri es insertada en la trama familiar responde también a la lógica transgresora propia de este padre; nombrándose como un rescate la escena en que es retirada de su familia de origen e incorporada a una nueva. Los claros signos de violencia que padece la niña y la frase “yo tampoco quería tenerla” pronunciada por su madre biológica son motivos suficientes para que el personaje de Nobuyo decida quedarse con la niña y adoptarla como hija, habilitándose como madre de Yuri, a la que renombrará como Lin.

Ello instala una pregunta ética ¿hicieron bien en adoptar como hija a la niña? ¿secuestro o salvación? ¿rapto o adopción amorosa y compasiva?

¿Cómo leer desde el psicoanálisis ese acto? Acto ilegal que tendrá, empero, efectos subjetivantes en Yuri/Lin.

En esta nueva familia la niña comienza a hablar, se ríe, da muestras de afecto y las recibe.

Algo similar pareciera haber ocurrido con Shota. No está demasiado claro cómo llegó a formar parte de la familia. Se le dice que fue salvado. Él, a su vez, transmite esta idea a su nueva hermana: “el hombre te salvó”. Esa es la historia -novela familiar- a la que son incorporados.

¿Qué define a esta familia como tal?

No hay lazos sanguíneos entre la pareja parental y los(a)s niños(a)s de la familia. Tampoco se trata de hijo(a)s adoptados legalmente. Ambos son tomados impulsivamente en situaciones en que, al parecer, se encontraban en peligro. A partir de allí son incluidos en la dinámica familiar, adoptados como hijo(a)s.

La familia en psicoanálisis no está definida por el lazo sanguíneo de sus integrantes e incluso tal lazo no asegura la filiación. El film juega con esa idea y nos muestra la importancia del consentimiento del sujeto para pertenecer y ocupar un lugar en la trama familiar.

“No hay en la familia nada natural, (…) se trata de una red de lazos voluntariamente decididos, donde re requiere un acto de voluntad, un consentimiento del sujeto para que una función, madre, padre, hijo, se sostenga y se transmita en tanto tal” (Lijtinstens, 2006).

Shota es un hijo. Un hijo que toma lo que le enseña su padre, se sirve de él como modelo identificatorio. También es un hermano que enseña y protege; hermano mayor que ante el riesgo de que su hermanita sea descubierta se hace atrapar delinquiendo.

Este personaje, a pesar de los conflictos morales que se le presentan, y de la negativa en primera instancia de nombrar como hermana a una recién llegada, asume esos roles, de hijo y hermano mayor. Consiente a la demanda paterna de ocupar ese lugar en la familia.

“El genitor nunca es padre espontáneamente, hace falta una atribución simbólica, una adopción, tanto del lado del padre como del lado del hijo, para que la función se sostenga en el genitor, se encarne” (Lijtinstens, 2006).

Un asunto de familia (2018) nos presenta una familia contemporánea víctima de la profunda desigualdad social que contrasta con los despampanantes desarrollos de la ciencia y las nuevas tecnologías; los integrantes habitan una cotidianeidad precaria donde los lazos se ven afectados por esa misma fragilidad propia de la época. Sin embargo, el amor –aún– acontece.

Referencias bibliográficas

Lijtinstens, Claudia (2066). Conferencias sobre la familia. Revista digital de la EOL

Por Gerardo Gabriel Rotte

Participante CID San Luis

¿Qué hace a una familia?

ManbikiKazoku o Un Asunto de Familia –como ha sido traducida para el habla hispana- es un film Japones que se estrenó en el 2018, dirigida y guionada por Kore-edaHikorazu. Al igual que otros films anteriores del mismo autor (De tal padre, tal hijo; Nuestra pequeña hermana) Kore-edacon gran sutileza invita a interrogarse sobre la filiación, la paternidad y la configuración de la familia en tiempos de la fluidez de las instituciones modernas. Al tiempo que propone al espectador dilemas éticos desde el primer minuto que se irán enraizando y complejizando a medida que avanza la trama.

En esta ocasión el argumento se teje entorno a un grupo marginal de Tokio; los Shibata. Se trata de una pareja de adultos (Ozamu y Nobuyo) con un niño (Shota), una anciana (Hatsue) y unajoven (Aki). A la que pronto se sumara una niña (Yuri – Lin) que suponen abandonada. Ellos sobreviven en base a hurtos en supermercados y mercados barriales, sumado a trabajos precarizados y la pensión y fraudes de Hatsue.

Entre varias preguntas que despierta el film, dos guían este comentario: ¿Qué hace a una familia? Y ¿Son ellos una familia?

No se plantea aquí la pregunta desde un modelo médico-tradicional, no se trata de si tienen una relación consanguínea, tampoco si tienen papeles de matrimonio o trámites de adopción. Tampoco, como lo ha planteado la psicología, remite a lazos afectivos y una relación de apego. Sino de aquello que hace familia para un sujeto, el consentimiento a formar partede un relato que lo introduce al lenguaje y la cultura.

En este sentido, una familia se juega en una dinámica de relaciones con el Otro y el goce. Donde lo que la define como tal es quienes la comportan en sus funciones, materna y paterna, como condición sinequanon para garantizar la existencia del sujeto.

Tanto para el ejercicio de la función materna, como alojadora de un deseo implicado y divido[4] y la función Paterna como interdictor y garante de ley[5], no alcanza con ser el genitor (incluso puede tranquilamente prescindir de ello). Sino que “requiere de una atribución simbólica que debe suceder tanto del lado del padre como del lado del sujeto para que la función del padre se sostenga.”[6]

Estas funciones, se entrelazan con el armado imaginario de una ficción que sanciona lugares y establece las coordenadas desde donde se posiciona el sujeto.

Los Shibata, constituyen un modelo en donde todos sus miembros se identifican a la imagen del desamparo y la ilegalidad. Con ello, bajo el lema “lo que de verdad te quieren no te dan golpes, dan caricias” y “lo que está en la tienda aun no es de nadie” y el asentimiento del “trabajo compartido” de robar como forma de ser parte de la familia, se promueve la imagen de una familia afectuosa, llena de risas y entendimiento, donde el saber circula y la ley, aunque porosa, parece funcionar.

Ahora bien, la ficción parece sostenerse para los Shibata, hasta que el encuentro de Shota con lo siniestro de su historia en los ojos de Lin lo llevan a un acto precipitado quepone al descubierto los oscuros designios del resto de personajes y con ello la fragilidad de las funciones y del relato que los unía.

En una entrevista[7], Kore-edacomenta que con este film proponía una pregunta al espectador: ¿Esta familia es verdaderamente feliz o es una felicidad impostada?Quizá, se podría reformular la pregunta, ¿Es esta una familia o es una familia impostada?

 

Por Gimena Garibotti

Participante del CID San Luis

 

“¿Dar a luz te convierte automáticamente en madre?”

Interrogantes como éste, acerca de la maternidad, la paternidad, qué es lo que necesitan los niños, incluso qué es lo que se espera de una familia desde la sociedad, recorren esta película, con una fotografía muy bonita y hermosas escenas cargadas de mucho amor que contrastan con una precariedad que no es más que económica.

Al comienzo parecería todo montado sobre un frágil y precario escenario, no pudiendo distinguirse los lugares de cada uno, ni los lazos entre sí, ni tampoco que era lo que los mantenía unidos. Los periodistas dicen: “Aquellos que fingían ser una familia”

Un padre, una familia, que parecen arrasados por el capitalismo.  Hay una imagen donde se ve a un padre y a un hijo jugar a la pelota, el hombre los mira desde la ventana y recrea esta imagen simulando una pelota con una bolsa y simulando también que Shota le dice papá. Esta escena junto con la pregunta de Aki acerca de qué es lo que mantenía unida a la pareja, parece condensar todo lo que se desarrolla a lo largo de la película.

Anibal Leserre en “Una lectura de Notas sobre el Niño”, cita a Lacan, quien dice que: “las cuestiones básicas acerca de cómo se debería organizar la familia han sido puestas en juego por la realidad económica. Los cambios dentro del capitalismo están haciendo a la familia y al mercado cada vez menos compatible”. Pero, cabe la pregunta ¿Qué es una familia?

En general, existe la inclinación a instituir a la familia en base a la reproducción; sin embargo, Lacan en La Nota, se distancia de esta concepción. Si bien, las familias están insertas en un determinado contexto social, inmersas en los valores morales y éticos que propone cada época, lo esencial de la familia es su función como agente de transmisión. Transmisión que encierra la singularidad y no se limita a los valores que se proponen como universales. Lacan mantiene la diferencia entre los medios de reproducción y la familia como agente de transmisión de un deseo que no sea anónimo.

Miller en “Cosas de familia en el inconsciente”, dice que la familia tiene origen en el malentendido, en el desencuentro entre dos. Está conformada por las funciones (quien sea que ocupe ese lugar) del Nombre del Padre, el deseo de la madre y por los objetos pequeños a. La unión se basa en un secreto, por lo no dicho que tiene el estatuto de desecho, un secreto sobre el goce.

Es interesante observar como esta familia está formada por personas que de alguna manera han sido descartadas y segregadas desde la lógica del capitalismo. Sin embargo, se puede ver como hay una transmisión de un deseo que no es anónimo por parte de aquel que se coloca en el lugar de padre. Ante la pregunta del policía acerca de si no se sentía culpable que los niños robaran expresa “es lo único que podía enseñarles”. Es muy bonito también, el ritual de nacimiento de Lin como hija, que surge a partir de las marcas en el cuerpo de la niña y la mujer, que les otorga un rasgo en común, la mujer dice “somos iguales”.

Para terminar, la película me recordó inmediatamente a un comentario de Gustavo Dessal sobre “Family Romance” quien dice “desde el ángulo de la función que cumple, el falso padre y ex – marido no es muy distinto a cualquier otro. A fin de cuentas, un padre verdadero puede ser un auténtico farsante y, al revés, un farsante puede parecerse mucho a un padre verdadero. Es suficiente con creer en él”.

  • Gustavo Dessal. “Informe sobre lo Inverosímil 3”
  • Juan Mitre. El Analista y lo social”. 2018
  • Anibal Leserre. “Una lectura de Notas sobre el Niño”. 2015

[1] Lacan J. El seminario sobre la carta robada. Escritos 1. Siglo XXI Buenos Aires 2001 p 24

[2] Lacan, J. Joyce el Síntoma en Otros Escritos. Paidós 2012. Pág. 591

[3] Lacan, J. El Seminario de Jacques Lacan Libro 11 Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. 1964. Paidós Ed. 2001  Pág. 71

[4]Implicado en tanto permita acoger al nuevo ser y dividido para que los cuidados del niño con eclipsen su deseo como mujer.

[5] Es la intervención del padre, de alguno de los significantes del Nombre del Padre, que operando en el lugar del Otro que está del lado de la ley le permite al sujeto niño que logre una significación para la vertiente del falo, lo que se enlaza con aquello que desea.

[6] Bassols, M. (2006) Familia en Scilicet de los Nombres del Padre.

[7] Entrevista a H. Kore-eda. Entrevista a Hirokazu Koreeda | Un asunto de familia. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=iauGe3uYIVg

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