martes , junio 15 2021
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Gustavo Moreno

Analyticus pandemonium

En uno de los primeros textos que ha dedicado Miquel Bassols, a la lectura de lo que la pandemia ha introducido, encontré un concepto que me pareció esclarecedor de algo que venía observando y no terminaba de poder formalizar.

Coronavirus es el amo del sentido de nuestra actualidad”, publicó dicho autor en la página de Zadig España, asociando a esto la idea de que la enfermedad del COVID-19 es una enorme burbuja de sentido, religioso como todos, y a punto de explotar.

No puede extrañarnos, entonces, que discursos tan supuestamente diversos confluyan en la misma orientada religiosidad de atribuir, a esa molécula un tanto compleja, que los biólogos no incluyen en el conjunto del “bios”, un inequívoco mensaje de castigo y redención.

Sea el anuncio del impostergable fin de la devastación ecológica del planeta, sea el signo de la no viabilidad de la continuidad del capitalismo, sea una moraleja burlona contra el individualismo, sea que constituye la irónica venganza contra el caprichoso régimen de distribución del espacio y circulación de los cuerpos, se coincide en la desesperada atribución de sentido que tiende a instalar la dimensión de un Otro garante de un orden superador.

En esa perspectiva se inscribe el apuro de algunos analistas por precipitarse a desplegar sentidos y a instalarse rápidamente en la comprensión de algo que no termina de darse a ver. Considero una apreciación inexacta afirmar la generalización del trauma, como considero una anticipación lógica pretender formular una lectura anterior a la emergencia de cualquier respuesta sintomática. Otro apresuramiento lo encuentro en el aseverar, sin vacilaciones, que la existencia de dispositivos tecnológicos de comunicación garantizan la continuidad de la incidencia de nuestra práctica, sin permitirse introducir el mínimo atisbo de interpelación ante las posibles consecuencias de la imposibilidad para el encuentro presencial.

Dichas posturas, más que incidir en lo social instalando al psicoanálisis como lectura posible de los acontecimientos de la civilización, se muerden la cola dentro de la propia comunidad analítica, introduciendo más confusiones que esclarecimientos, y más vértigo por el sentido y la comunión en la religiosidad parroquial que el sostenimiento de una posición ética. Posición en la que el acto constata la dimensión sintomática en que se articula la imposibilidad en lo real.

Gustavo Moreno

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