“La presencia real del falo en la neurosis obsesiva”. SCA 2022. Transferencia y deseo del analista. 6ta. Clase general, a cargo de Jorge Rodríguez.

“La presencia real del falo en la neurosis obsesiva”. IOM CID San Luis. Seminario clínico Anual. 6ta. Clase general, a cargo de Jorge Rodríguez (practicante del psicoanálisis, docente de la UNSL y del IOM). 30 de septiembre de 2022.

Jorge nos propone ubicar a partir del planteo de Lacan, en estas dos clases 17 y 18, del Seminario 8, aquello que nos pueda servir para la clínica. Lacan se sirve de la neurosis obsesiva para renovar una pregunta, que recorre al Seminario 8, por la transferencia y el lugar del analista, ¿Qué ilumina, qué problemas trae la neurosis obsesiva para pensar el lugar del analista y la transferencia? Jorge trae un comentario de un cuento de Joseph Conrad, relatado por Gustavo Dessal, que lleva por título “El regreso”.

Trata de la historia de un hombre que vuelve a su casa en la rutina cotidiana y se encuentra con la sorpresa de que hay una carta en el dormitorio y la sospecha, antes de leer la carta es que ella se ha ido. Interesa cómo está construido ese relato de Joseph Conrad, se arma un clima que anticipa lo que va suceder cuando este hombre entra a la habitación y se encuentra con esa carta. En la descripción que arma, retoma un detalle que le llamó la atención, dice Dessal hay un juego de oposiciones, lo vivo lo muerto, lo congelado lo vivo, que van atravesando el argumento. Tan solo un ejemplo de ello, un detalle en la descripción, en la casa hay un busto de una estatua de mármol de una mujer que sostiene una luz con su brazo alzado, dice Dessal, esa mujer de mármol es el ideal femenino del protagonista, la mujer muerta, inmóvil, funcional y que aporta esplendor y valor estético, la mujer está siempre en el lugar en donde se la espera.

Retoma entonces las preguntas que Lacan hace en el Semanario, en la pág. 283, ¿Cómo se sitúa el analista respecto del significante Phi mayúscula, del significante fálico? y en la pág. 288, ¿Cuál es la función del falo en la transferencia?  Señala que en estas 2 clases Lacan está tratando de diferenciar Phi mayúscula de phi minúscula. Para ver como conceptualiza el falo en el Seminario 8, conviene volver algunos pasos para atrás. Una primera versión se despliega en el Seminario 4, ahí Lacan ubica que el falo es un objeto imaginario que está coordinado al deseo materno. Una segunda versión aparece en el Seminario 5 y en Una cuestión preliminar, donde el falo es presentado como un significado o una significación, también imaginaria, producto de la operación del nombre del padre, que ya no está coordinada al deseo materno, sino a la presencia, a la eficacia Nombre del Padre.  Hay una tercera versión que empieza a aparecer en el Seminario 8.

En la Significación del falo, despeja los atolladeros de lo orgánico, lo anatómico, al proponer que el falo es un significante que está coordinado a lo simbólico, ya no es un significado ni está coordinado a un objeto imaginario. A partir de ahí el falo es un significante del deseo, de la presencia del deseo.

Es el significante también que muestra el evento, la aparición del significante mismo, que produce un barrido de la cuestión anatómica orgánica.  En la pág. 251 dice Lacan, el falo simboliza lo que le falta al gran Otro para ser gran Otro, aquí ya tenemos la presencia de la descompletud del Otro. No es un Otro completo, sino atravesado por una falta, la falta se nombra falo, y agrega que el deseo del Otro es un enigma y es con ese problema que se las tiene que ver el neurótico obsesivo.

Esta distinción va resultar muy operativa, ya que poner el acento en Phi mayúscula, que podemos traducir como falo simbólico. Es indispensable para comprender la incidencia del complejo de castración en el resorte de la transferencia, por ende, el falo juega un papel en la transferencia y el analista tienen que saber cómo ubicarse respecto de esto.  Jorge nos señala, que en el Seminario 8, Lacan da una vueltita más respecto a la definición del falo, acá especifica un poco más que tipo de significante es, dice Lacan, en la pág. 270, el falo simbólico, es el símbolo del lugar donde se produce la falta de significante, muestra el lugar donde el significante desfallece, donde no hay significante y a renglón seguido se pregunta Lacan ¿Qué implica que introduzca la presencia de este símbolo Phi?, ¿Qué quiere decir que un significante falte?, en la batería nada falta, ¿Cómo aparece al posibilidad de ubicar la presencia de una falta en ese orden?

Lacan ubica algo que es la emergencia de la pregunta, cuando aparece la pregunta apunta a eso que falta en el orden del significante. La pregunta que ataca al significante es la pregunta de la presencia del significante.

La pregunta remite finalmente al ¿Qué soy yo? Aparece eso, pero no va por ahí.  Lo que está en juego en la pregunta, es la distancia que toma el sujeto respeto del uso del significante mismo y su incapacidad para captar que significa que haya palabras. Y después dice, lo que está en juego, y toda pregunta formulada no se encuentra en el plano del ¿Que soy yo?, sino, en el plano del Otro, en la forma que la experiencia analítica nos permite develar, ¿Qué quiere el Otro? Es en ese punto que se trata de saber que deseamos al plantear esa pregunta, ahí es donde aparece la falta del significante, así el falo es lo que simboliza aquello que le falta al Otro. Aquí el Otro aparece descompletado y la pregunta valiosa es la pregunta respecto de deseo del Otro con lo cual el neurótico o quiere saber nada.  En la pág. 266 del Seminario, dice Lacan; hay algo más neurotizante que el miedo a perder el falo y es no querer que el Otro este castrado. Pregunta crucial, ya que la neurosis, a lo que apunta precisamente es velar la posibilidad de que emerja la castración del Otro, que mejor para el protagonista del relato de Dessal que tener una mujer de mármol, una mujer sin deseo, que no le faltaría nada, salvo que está muerta, en tanto viva empiezan los problemas. Es lo que le pasa a quien se ubique en el tipo clínico de la neurosis obsesiva.

Una vez que emergió la pregunta respecto de que quiere el Otro, Lacan ubica que el neurótico obsesivo construye una respuesta, ante la posibilidad de que emerja el deseo del Otro, eso taponado, es velado por la construcción del fantasma y por eso empieza a hablar del objeto del fantasma en la neurosis obsesiva.

Va ha decir Lacan ahí, que el objeto del fantasma es el único capaz de fijar un punto de economía regulada por el nivel del goce, es decir que la construcción del fantasma regula algo del goce, una especie de homeóstasis, con todos los problemas que esto trae; inercia, estancamiento, el tedio, el aburrimiento, cosa que se traduce mucho en la clínica del obsesivo.

En la clase 18, La presencia real, pág. 287, nos dice Lacan que una forma de escritura del fantasma obsesivo sería:

¿Cómo leer eso? Para no querer saber nada de la castración del Otro, el neurótico obsesivo se hace garante él mismo de ese Otro, convirtiéndose el en fi mayúscula, aquello que le falta y ahí lo que va a decir Lacan de la dificultad del neurótico obsesivo como deshinchazón fálica, porque con todo su ser está al servicio de garantizar la completud del Otro o bien con los objetos que se vuelven todos equivalentes en término eróticos que pone al servicio de ese Otro para garantizar que no aparezca nada de su castración.

Dice Lacan, el segundo término del fantasma muestra que son los objetos para él, en tanto objetos de deseo, todos equivalentes, puesto en serie, todos tienen el mismo valor, dice Lacan, lo que figura ahí ya no es Phi mayúscula sino, phi minúscula, es decir, que hay que pensar que hay ahí un rebajamiento de lo simbólico a lo imaginario, que a esta altura es una degradación.

Dice Lacan, el Phi es lo que subyace a la equivalencia instaurada entre los objetos del plano erótico, es unidad de medida, como el patrón oro, el dinero, habría que pensar el funcionamiento de la economía a partir de eso. Como la economía capitalista que se mueve por equivalencias, todo vale lo mismo; la vida, los objetos, es la locura del todo fálico.

Es un problema también en la vida amorosa del obsesivo, es la disyunción clásica de Freud entre el objeto de amor y el objeto de deseo, la patrona, la señora, y la amante, la puta.  Cuando no está eso, el fantasma vacila y lo que puede pasar es que sea una serie infinita de las mujeres que no tienen punto de capitón, todas valen un poco lo mismo.

¿Cuál es el problema en la neurosis obsesiva? Que nos e quiere encontrar con el deseo del Otro, qué hace el neurótico obsesivo, se lo hace prohibir por el Otro. Es una manera de hacerlo consistir al Otro y mantenerse a distancia del deseo, porque acceder a realizar el deseo para el obsesivo hacer desaparecer al Otro, es destruir al Otro para acceder a deseo.  En clase 18, dice Lacan, el obsesivo puede arreglárselas más o menos con este manejo de su deseo, lo que está en juego se sitúa en el plano de la discordancia entre el fantasma de uno en la medida que está ligado a la función del falicismo, todos los objetos se vuelven equivalentes fálicos, y el acto mediante el cual aspira a encarnarlo. Es decir, de lo que no quiere saber nada el obsesivo es del acto.

Jorge nos señala que podemos pensar algo del lugar del analista en relación con dicha neurosis.  En la pág. 293, Lacan habla del temor a la afánisis del neurótico obsesivo; el resultado es que en el obsesivo no hay nada que este tema más que aquello que lo que imagina aspirar; la libertad de sus actos y de sus gestos, en fin, aspira a vivir sin otros. A renglón seguido, Lacan hace un contrapunto entre la presencia de la neurosis obsesiva y la función del analista, que sería ahí interpretar. La libertad de sus actos y de sus gestos, resuena con lo que propone lacan en la Dirección de la Cura, cuando habla de la función del analista en relaciona la interpretación; único amo en su barco, cuando se interpreta se está sin otro, y ese es el problema en la neurosis obsesiva.

Algo importante que señala Jorge de esta clase de La presencia real, sobre lo que desarrolla algunos aspectos, es lo que Lacan ubica como una estrategia de la neurosis obsesiva, es lo que llama el insulto a la presencia real. Porque habla del insulto, porque es el intento de atrapar aquello que no se puede atrapar con los significantes, que es la emergencia del deseo del Otro. La estrategia del obsesivo es justamente degradar el deseo de ese otro a partir de colocar ahí objetos imaginarios.

Finalmente, Jorge desarrolla y ejemplifica estos aspectos con el análisis algunos testimonios del pase sobre una neurosis obsesiva femenina.

Reseña. Roberto Araya – CID San Luis

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