viernes , septiembre 24 2021
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María Carina Magallán

Crónica de un día de cuarentena

Martes, “día de impares” en San Luis.

Me levanto temprano y veo las noticias mientras me preparo para ir al supermercado. En esos pocos minutos, en las noticias (luego de las recientes medidas de aislamiento y restricción en el marco de la pandemia), circulaba un discurso que parecía indicar un clima de aceptación, unanimidad, fraternidad, reconocimiento a ciertos actores sociales, solidaridad. Una aparente homogeneidad bajo los hashtag: “#Al virus lo frenamos entre todos”, “#Seamos uno”.

Salgo hacia el supermercado con un sentimiento de ilusión de un colectivo fraternal. Pero….

En la cola para entrar, observo: Un guardia controla las distancias, los DNI, hace retirar a los “pares”, a quienes van con niños, a quienes van de a dos… Se oyen los de la fila murmurar: “mala madre, saca el niño a la calle”, “ignorante, irresponsable, si es “par” hoy no es su día”. Luego, el guardia exige un barbijo a un señor con ambo, éste lo acusa de discriminar a los médicos mientras le vocifera insultos. La gente se divide entre los que defienden a uno y los que defienden al otro… Durante una hora y media de cola siguieron varios otros sucesos de este estilo.

Tanta hostilidad me hizo reflexionar: ¿por qué esta agresividad cuando el mundo parece unificarse, aunque sea en lo que atañe a esta pandemia?

Recordé a Freud en “El malestar en la cultura”: Eros y Thánatos son primarios, constitutivos de los seres humanos, forman parte de su dotación pulsional. El primero quiere cohesionar, unir libidinalmente a los individuos en familias, etnias, pueblos, naciones, la humanidad. Pero a este programa se le opone Thánatos, que quiere separar, disolver. Es esta pulsión agresiva entre unos y otros, que perturba los vínculos con el prójimo.

Vuelvo y de nuevo las noticias. Esta vez, un programa de debate y opinión, y en el núcleo de la conversación, el famoso windsurfista, personaje medio paradigmático del nuevo enemigo social, depositario de críticas y hostilidad, apaleado por los periodistas, escrachado por la sociedad en las redes.

Freud decía: “No es fácil para los seres humanos renunciar a satisfacer su inclinación agresiva. No se sienten bien en esa renuncia … siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos con tal que otros queden fuera para manifestarles la agresión” (1). Es el “narcisismo de las pequeñas diferencias”, que da fundamento a encontrar siempre un nuevo enemigo, un nuevo extraño, por más inofensivo. El malestar en la cultura siempre presente, la cultura y sus demonios.

María Carina Magallán

1) Freud, S. “El malestar en la cultura”. Año 1930. Obras completas. Tomo XXI. Página 111.

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