Reseña de la Clase de Daniela Fernández
14-08-26 – Construcción de una histeria
La docente propone abordar el caso Dora, realizando un recorte y construyendo una especie de “caja de herramientas” para pensar las defensas propias de la histeria frente a lo real. Plantea la clínica analítica orientada por lo real, definido por Lacan, en su última enseñanza, como “lo imposible de soportar”. Si la neurosis se dirige a evitar lo real, el análisis se orienta precisamente hacia él, de allí una lógica de la cura que apunta a perturbar la defensa.
¿De qué se defiende la histérica? La inexistencia de un significante que dé cuenta de La Mujer y la inexistencia de la relación sexual, confrontan al sujeto a un agujero en lo simbólico, un trauma, un troumatisme. Uno de los modos en que la histeria se defiende es vía la construcción de la Otra mujer.
Freud construye el caso Dora alrededor de dos sueños. En 1923, realiza otra lectura de su propio caso, ubicando lo que considera un error técnico respecto del objeto de interés de Dora. Había descuidado “quién desea en Dora”. Lacan, en el Seminario 3, nos dice que Dora identificada al yo del señor K, se dirige hacia la señora K como objeto, a quien considera como portadora de algún orden de saber sobre lo femenino y sobre la pregunta por la mujer.
La docente trabaja el capítulo XII y XIII del Seminario 3, capítulos incluidos en la tercera parte del Seminario, titulada “Del significante y el significado”.
Lacan toma allí el caso de una histeria traumática de un hombre de 33 años, que es un caso del psicólogo Michael Eisler. Lo toma para trabajar la perspectiva significante del psicoanálisis y el esquema lambda. En el eje imaginario ubica la relación especular, a-a¨y el fantasma. En el eje simbólico aparece la relación del sujeto con el Otro de la palabra, la posición del analista, la comunicación analítica y la estructura de lenguaje. En este eje, el sujeto recibe del Otro su propio mensaje en forma invertida. Se reconoce en el gran Otro y se hace reconocer en él. Hacerse reconocer en el Otro es determinante en la neurosis. El sujeto se pregunta en el plano del significante, en el plano del ser, “¿qué soy?”. Gracias al Otro, cree poder obtener la respuesta, engaño de la función de la transferencia, cree que el Otro se lo va a decir, “tú eres”, eso le daría el ser. Es una defensa del sujeto.
El caso de Eisler, es el de una histeria masculina. Se trata de un guarda de tranvía que tiene un accidente y se golpea la cabeza, le realizan diferentes exámenes radiológicos que no evidencian daños.
El paciente se pregunta “¿qué soy?” “¿Soy capaz de procrear?”. Esta pregunta se articula con otras: “¿Soy mujer?”, “¿Soy hombre?”. El sujeto responde con el síntoma, la neurosis se ordena por el falo. La pregunta soy capaz de procrear, es lo determinante. Son preguntas sin respuesta; lo que hay, en realidad, es un agujero en lo simbólico. Lo que desencadena al sujeto no es el accidente, son los exámenes radiológicos, y esto está vinculado con el fantasma de embarazo. Las radiografías lo remiten a la escena traumática de los diez años. El niño escucha los intensos quejidos de la vecina, la ve contornearse de dolor, y a un médico retirarse con los restos, pedazos de un bebé. Aquel mira la escena, pero la escena también lo mira a él: lo toma, le concierne. A partir de allí, el sujeto construye un fantasma de embarazo como respuesta defensiva frente al trauma infantil. En esta escena están en juego el objeto mirada y el objeto anal, ambos defensas ante lo real.
Lacan nos dice que la estructura de una neurosis es esencialmente una pregunta, Dora hace su pregunta con su yo, ¿qué es una mujer? índice de un real en juego, real de su inexistencia. La dimensión simbólica parece brindar todo el sistema del mundo, pero no hay simbolización del sexo de la mujer; este tiene, más bien, el carácter de ausencia, de vacío, de agujero. En Dora hay un rodeo que va de la identificación al padre o al Sr K para dirigir la pregunta a la Sra K. Los sueños son importantes por eso. Cuando Dora se pregunta, ¿qué es una mujer? intenta simbolizar el órgano femenino en cuanto tal. La identificación de Dora al hombre, portador del pene le es un medio de aproximarse a esa definición que se le escapa. Y el pene le sirve de instrumento imaginario para aprehender lo que no logra simbolizar. Hacerse mujer y preguntarse qué es, es diferente. Se pregunta porque no se llega a serlo. Esta es también una defensa.
Otra defensa de la neurosis es crear universales de la mujer: “todas las mujeres malas, putas, boconas, charlatanas, etc” son universales de la mujer. La cuestión del síntoma se articula con el problema del origen. El significante no puede dar una respuesta al origen del nacimiento. Lacan nos dice que la procreación escapa a la trama simbólica, nada simbólico explica la procreación. Esto está en relación con” Tres ensayos de teoría sexual”, donde Freud trabaja las teorías sexuales infantiles y del origen de la vida del sujeto.
En síntesis, las estrategias defensivas de la histeria son: síntoma, fantasma, falo, objetos plus de gozar, universales, rechazo del cuerpo y la formulación de la pregunta ¿qué es una mujer?
Agradecemos a Daniela su transmisión clara y rigurosa.
Gabriela Santiano
Marcela Finos
