sábado , julio 24 2021
Inicio / BLOG / Seminario Clínico Anual 2021. “Una introducción al título” a Cargo de Aníbal Leserre

Seminario Clínico Anual 2021. “Una introducción al título” a Cargo de Aníbal Leserre

 

Una Introducción al título

 

Reseña de la Clase Inaugural del Seminario Clínico del CID San Luis 2021 a cargo de Aníbal Leserre

La clase que dio inicio al seminario de este año se llevó a cabo el sábado 13 de marzo por la mañana. Dio comienzo al encuentro el responsable local, Jorge Rodríguez, quién presentó, dándole la bienvenida, al flamante director del CID San Luis y docente a cargo de la primera clase del año, Aníbal Leserre.

Leserre organizó su presentación en tres apartados. En el primero ubica distintos ejes de importancia para el abordaje de la temática, planteados como puntos de apoyo para la lectura del seminario; el segundo apartado lo dedicó a introducirnos en la primera clase del mismo y el tercero a retomar determinados puntos fundamentales para inmiscuirnos en la lectura.

PRIMER APARTADO

Da comienzo al primer apartado con la propuesta de diferentes ejes que será menester tener en cuenta en la labor de este año con la lectura propuesta: Seminario XVIII titulado “De un discurso que no fuera del semblante”.

En el primer eje incluyó supuestos básicos, necesarios para la lectura del seminario: la

dinámica de los discursos propuesta en el Seminario XVII, así como la consideración de las respuestas que da Lacan en Radiofonía.

Como segundo eje sitúa el condicional de la fórmula planteada De un discurso que no fuera del semblante, que además le da título al seminario. Se trata de una fórmula condicional y negativa a la vez, que evoca la búsqueda de un discurso que sería de lo real.

La aspiración de Lacan de colocar el psicoanálisis a nivel de las matemáticas se corresponde con la construcción de un aparato cuya lógica matemática se oriente a designar lo real; que nos aproxime a ese discurso sobre lo real.

Luego agrega que el condicional negativo es también un potencial y -en ese sentido- entiende que allí Lacan plantea una hipótesis, la cual deriva de los cuatro discursos y de la propiedad de los mismos de ordenarse a partir del semblante.

En el tercer eje el docente remarca la importancia de tener en cuenta que el semblante no es lo opuesto a la verdad, sino que más bien soporta la verdad, en tanto, el semblante es – también- del orden del significante.

Destaca la novedad presentada por Lacan en este seminario XVIII: el semblante mismo es la función primaria de la verdad y nos advierte sobre la importancia de distinguir la verdad como semblante de los efectos de verdad. De ello deriva que no se trata del semblante como algo falso.

En el cuarto eje Leserre presenta una hipótesis, se pregunta:

“Este discurso que no fuera del semblante ¿qué sería? ¿Un sexto discurso? ¿O sería un discurso que aparece a partir del discurso analítico? ¿Sería el resultado del trascurrir del discurso analítico en la experiencia misma del análisis?”

A continuación, ubica al discurso que no fuera del semblante como aquel que es posible escuchar como discurso último. Este discurso último sería el del inconsciente y es condición de un semblante: el psicoanalista; la presencia, posición y deseo del analista en tanto ello ubica un plus de goce en un cierto lugar. Es un discurso cuyo efecto se centra en lo imposible, un discurso último en tanto ubica un imposible.

Allí el docente retoma las dos vertientes en torno al síntoma en la enseñanza de Lacan: interpretar el síntoma y leer el síntoma. “Interpretar el síntoma da sentido y, de ese modo, alimenta el síntoma; leer el síntoma es tratar de cernir y agotar el sentido para situarlo en lo imposible”.

Al respecto plantea que lo que destaca este seminario es que del discurso analítico se desprende que el sentido no es nada más que semblante y se pregunta ¿a qué nos invita Lacan con este seminario? Invita a que el practicante mantenga una relación con el semblante, más específicamente una relación de analizante con el semblante, es decir, que se ubique siempre de nuevo como analizante con respecto al sujeto supuesto saber.

En el eje cinco Leserre hace hincapié en la función de lo escrito y sostiene que lo escrito, junto a la verdad, son ejes que atraviesan todo el seminario.

Al respecto introduce la pregunta ¿Lo que no se puede decir, se puede escribir? adelantándonos que es una de las preguntas que responde Lacan en este seminario, con el anhelo de que lo escrito ubique lo que no sería del semblante, un más allá del semblante. Se trata del nudo entre repetición y goce, al que se llega a través de la lectura del síntoma.

Del mismo modo que en otros seminarios, en el que nos ocupa este año, la enseñanza de Lacan está apoyada -nos señala Leserre- en la experiencia analítica, desde el intento de cernir lo real. Se trata del intento de ubicar el goce en relación con lo escrito.

El eje número seis, el docente a cargo de la clase, lo dedica a la ubicación del semblante entre lo simbólico y lo real. Miller, a partir de la lectura del seminario XVIII, opone el semblante a lo real, y no a lo verdadero. Lo verdadero, lo falso, son cosas del semblante.

Este seminario apunta, nos dice Leserre, a remplazar la categoría de lo verdadero por la categoría de lo real; ya que los efectos de verdad se encuentran en la intersección de lo simbólico y lo imaginario. Pero el mismo esplendor de la verdad nos señala que lo verdadero es del orden del semblante. Lo real es lo que se distingue del significante; lo real se resiste.

 

SEGUNDO APARTADO

Luego de plantear esos ejes orientadores para la lectura Leserre comienza con el segundo apartado de su presentación, introduciéndonos de ese modo a la primera clase del seminario, y lo hace con la recomendación de posicionarnos ante la lectura “abiertos a lo nuevo como posibilidad de invención a partir del deseo de saber”.

Ante la fórmula que da inicio a la clase del seminario <<De un discurso que no fuera del semblante>> Leserre propone tomar como rumbo la afirmación lacaniana de que no se trata de un discurso de Lacan, rumbo que nos lleva a la idea de desplazamiento planteada en el seminario XVII, en relación a los discursos.

Se pregunta Leserre en torno a la fórmula inaugural del seminario “¿Es producto de nuevos desplazamientos y por tanto se trata de otro discurso? ¿O es la manera de leer -en particular- uno de estos discursos? ¿o la manera de leer la relación entre dos de los discursos; discurso amo y discurso analítico?”

Al respecto retoma que el discurso del amo no es el reverso del psicoanálisis sino el lugar donde se demuestra la torción propia del discurso del psicoanálisis. Se trataría entonces de buscar la torción propia del discurso del psicoanálisis para ubicar ese discurso que no fuera del semblante.

El secreto está a la vista nos dice Leserre: el discurso analista -y su eficacia- está en poner en cada análisis esa torción en marcha; ese revertir el discurso amo en cada analizante.

Luego, el docente, retoma lo sostenido por Miller en su curso “Naturaleza de los semblantes”, donde afirma que se puede examinar la noción de semblante bajo la idea de categoría, como cualidad atribuible a un objeto y, por tanto, ordenar sus elementos. En torno a ello Leserre se pregunta ¿Por qué Lacan, luego de formalizar los cuatro discursos introduce la categoría de semblante y se pregunta si es posible (el docente acentúa allí el condicional) un discurso que no fuera del semblante?

Lacan, al socializar la pregunta, está señalando implícitamente (según entiende Leserre) que los discursos son discursos del semblante. No se trata, entonces, de que uno de los discursos ya planteados por Lacan sea el del semblante, tampoco se trataría de la formulación de uno nuevo; se trata de que todo lo que es discurso no puede sino aparecer mostrándose como semblante. El seminario concluye con esa idea.

De ello deduce que Lacan nos invita a que ubiquemos qué hay en ese sin salto que nos trae la experiencia freudiana, qué hay en ese sin salto del discurso analítico; Leserre ubica en ese sin salto la presencia de una ausencia. El sujeto no está, pero está representado; la práctica analítica implica en ese sentido la aparición del sujeto. Allí retoma la fórmula: sujeto supuesto saber. El supuesto sostiene al sujeto y también al saber: sujeto supuesto y saber supuesto.  El trayecto del análisis implicaría, según los desarrollos del expositor, pasar de ese supuesto sujeto a un sujeto expuesto y de ese supuesto saber a un saber expuesto. Allí, en ese pasaje, en ese sin salto que está de entrada, pero que requiere ser transitado puede ubicarse el discurso que no fuera del semblante.

Luego, el docente toma la noción de los discursos como artefactos. Se trata, nos dice tomando a Lacan, de invenciones humanas en oposición a los semblantes, que están en la naturaleza. En ese sentido, el discurso analítico como artefacto implica la posición del analista, la cual está tomada como presencia a la vez que como semblante de objeto.

De allí que la experiencia analítica con la perspectiva de situar lo imposible, es artificial, es un aparato artificial para ubicar el saber y la verdad. Conducirse a lo imposible, en el trayecto del análisis, implicaría un saber que no sea del semblante; un saber que no está en la naturaleza, sino que se construye a partir del artefacto del discurso.

A continuación, y en consonancia con lo anterior, el docente afirma que el semblante es una creencia, puesto que hace creer que hay algo donde no lo hay; no hay relación sexual. “A nivel de lo real no hay relación y allí se ubican los semblantes”.

Para finalizar el segundo apartado Leserre se pregunta: ¿para qué nos sirve el artefacto de la experiencia analítica?

En torno a ese interrogante sostiene que en la práctica tratamos con algo que se resiste, que no es permeable a todos los sentidos. “A ello lo llamamos fantasma; es lo hay que ubicar en el artefacto para que podamos experimentar sus límites, su estructura, su función”

TERCER APARTADO

En el último apartado Leserre recurre nuevamente al punteo para organizar su exposición.

Como primer punto sitúa la importancia de considerar que el decir “semblante de discurso” implicaría someter al semblante, o a un significado cualquiera, a la prueba de decidir si es verdadero o falso. Al respecto plantea que ello es insostenible en la experiencia analítica y fundamenta ese planteo en la experiencia freudiana, la cual “fue puesta en forma por el mito edípico en tanto preserva la dimensión de lo oracular” y ubica en el mismo nivel a la interpretación. Así como el oráculo, la interpretación es verdadera por sus consecuencias, por sus efectos de verdad.

Se trata de la verdad a medias en el hecho del decir. A continuación, presenta una hipótesis: Si la verdad está del lado del semblante y tiene estructura de ficción; el análisis mismo es una ficción.

Retoma la distinción entre la verdad como semblante y el efecto de verdad. Este último es el que permite precisar que no hay metalenguaje, no hay Otro del Otro, no hay lo verdadero sobre lo verdadero.

Entonces, interroga Laserre, ¿Cómo tomamos lo verdadero? Este seminario señala un trayecto que lleva a tomar lo verdadero que apunta a lo real.

Nos indica que la verdad se afirma siempre como un ideal, como un soporte ubicado en la palabra, respecto de ello, considera que la experiencia analítica puede construir un saber atravesando esos ideales; “puede llegar a los S1 supuestos -significantes primordiales que determinan la relación del sujeto con la realidad- y pasarlos a lo expuesto”.

El dispositivo analítico como artefacto propone un trayecto de la verdad al saber y allí Leserre nos advierte: ese saber no es la verdad, se trata de un saber sobre la verdad. El artefacto deja al sujeto, en el final de análisis, con un problema respecto al saber. ¿Qué hacer con el saber sobre la verdad adquirida?

Seguidamente manifiesta que todo lo que es discurso sólo puede presentarse como semblante, todo lo que construye es sobre la base del significante. En ese sentido, nos dice Leserre, la fórmula lacaniana a trabajar en este seminario sería: El significante es idéntico al estatuto como tal al semblante. Un discurso que no sea del semblante sería entonces un discurso que no fuera idéntico a sí mismo.

Introduce luego, como segundo punto de este tercer apartado, la vertiente económica de un discurso que no fuera del semblante. Se trata de la economía que permite ubicar al sujeto en el enlace significante. El sujeto está determinado por el discurso, no determina al discurso, esa es la economía esencial. En las articulaciones significantes se va exponiendo el sujeto.

La economía también consiste, aclara Leserre, en que, si el semblante no es semblante de otra cosa, se trata del semblante como objeto propio, en tanto en la fórmula el discurso es del semblante, pero no se aclara semblante de qué y, en ese sentido, sostiene “El semblante se plantea como objeto de lo que sólo se produce en dicho discurso y ese discurso es que no fuera del semblante”. Eso es lo que lleva a plantearlo fuera del semblante.

Por último, el docente a cargo, toma uno de los problemas que surgen en la práctica, y es que el discurso analítico también tiende al sentido, sentido cuyo límite dependerá de cada quién. Lo que el discurso analítico hace surgir es que el sentido no es más que el semblante; es decir que “de un discurso que no fuera del semblante” es decir “de un discurso que no fuera del sentido”.

¿Qué es ir más allá del sentido? ¿Qué es ir más allá del semblante? ¿Cómo lograrlo?

Leserre retoma el decir de Lacan acerca de que la virtud no está sólo en hacerse preguntas sino en situar los problemas que las preguntas acarrean. Y ubica en ese sentido a este seminario como seminario de problemas, de problemas sobre el límite de sentido; sobre el nudo entre repetición y goce; sobre cómo tratamos los semblantes con el artefacto que inventamos: el discurso analítico.

Hacia el final de su exposición Leserre nos lleva al seminario XX a partir de la lectura de una cita del mismo: “no ha de creerse que en modo alguno sostengamos nosotros al semblante, ni siquiera somos semblante, somos en ocasiones lo que puede ocupar su lugar y hacer reinar ahí ¿qué? El objeto a”.

A continuación, y finalizando su presentación, el docente sostiene: “el analista es quien al ponerse en el lugar del agente y ubicarse como semblante de objeto, se coloca en la posición más conveniente para interrogar, desde el deseo de saber, lo tocante a los límites de la verdad”.

 

Reseña: Aylén Silvage – IOM CID San Luis

 

 

 

 

 

 

 

 

X