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Verdad, hermana de Goce. Clase de Norma Sierra, 9 de Agosto de 2019

VERDAD, HERMANA DE GOCE. Clase de Norma Sierra 

 

The artist collective Numen/For Use, gigantic organic structure installed in the Palais de Tokyo

El día viernes 9 de agosto, tuvimos la Clase General: “Verdad, hermana de goce”. La misma estuvo a cargo de Norma Sierra (AP de la EOL y AMP. Responsable del CID San Luis)

A partir del interrogante ¿Cómo hacer para enseñar lo que no se enseña?, la docente realizó un recorrido preciso por distintas lecturas que fueron acompañadas por recortes de la experiencia psicoanalítica. De esta manera, pudimos familiarizarnos con consideraciones de Lacan en relación a la verdad, al goce, al deseo y al fantasma.

A continuación, se publica un recorte de la clase aportado por la docente:

Eric Laurent señala, acerca del parentesco entre verdad y goce que presenta Lacan en la clase 4 del Seminario 17, que “la verdad está excluida, así como también el estatuto del goce es el de ser extraído del mundo para el ser hablante, una vez que se produce el encuentro del ser viviente con el lenguaje”.1

Son dos efectos de nuestra relación con el lenguaje. El goce que se pierde, que queda anulado, prohibido por la castración, y la verdad que surge articulada al discurso, pero que no puede ser dicha. Si la verdad pudiera ser dicha, sería una verdad formulada en términos de saber. Pero la verdad es impotente para decir lo real. No hay, por el lenguaje, posibilidad de decir lo verdadero sobre lo verdadero, ni hay un saber que pueda decir la verdad de nuestro de nuestro goce.

Sin embargo, Lacan dice que entre nosotros y lo real está la verdad, y que no podemos estar sin una relación con la verdad. Sólo podemos tener acceso a la verdad por sus efectos. Hay efectos de verdad que nos llegan por ejemplo por un lapsus.

Esta clase es necesario articularla con la anterior, dentro del apartado de Los ejes de la subversión analítica que propone Miller en la organización de las clases del Seminario 17.

Algunos puntos que mencionaré a modo introductorio:

El saber es medio de goce, cuando trabaja produce entropía, a través de la cual tenemos acceso al goce. Porque a partir de la pérdida estructural de goce, el discurso produce un residuo, el objeto a como plus de goce.

“El Significante fundamental es una marca del goce producida por la entrada del lenguaje en el cuerpo que introduce al mismo tiempo una pérdida de goce y un plus de goce, ese plus de gozar permite colmar la pérdida, pero no toda, entonces producción y pérdida son sinónimos.”2

De esta manera, el plus de goce materializa la huella de un goce prohibido. Y la verdad que viene al lugar de ese goce prohibido, extraído del mundo. Que la verdad venga al lugar del goce perdido lo dice Lacan de este modo:

“Con el saber en tanto medio de goce se produce el trabajo que tiene un sentido, un sentido oscuro. Este sentido oscuro es el de la verdad.” (Seminario 17, p. 54)

La verdad es ese sentido oscuro que se produce como efecto del trabajo del saber medio de goce, entonces la verdad sólo puede decirse a medias. No hay ningún acceso a la verdad que no sea por un medio decir. No puede decirse bajo la forma de un saber revelado. Por la vía del saber sólo pueden obtenerse efectos de verdad.

En el discurso analítico, el saber (S2) está en el lugar de la verdad, un saber que funciona verdad, y eso es un enigma, porque el saber en el lugar de la verdad sólo puede ser saber supuesto. Por otra parte, la función del enigma es un decir a medias, en cuanto se le da la solución desaparece. (Seminario 17, p. 37)

La clase IV:  VERDAD, HERMANA DE GOCE se encuentra dentro del apartado “Ejes de la subversión analítica”.

En la clase anterior presentó el modo en que el psicoanálisis subvierte el saber, al hacerlo un medio de goce, al ir de la teoría del Significante a la teoría de los discursos y reinsertar lo pulsional, el goce, articulado con el saber.

La teoría del significante se reduce a una célula binaria en la que está en juego la causación del sujeto

S1-S2

$

En la teoría de los discursos anuda la estructura del significante y la del discurso que consiste en lugares y términos. Según el término que se ubique en cada lugar es el efecto que produce. Cada uno de Los discursos es un régimen de satisfacción, porque es en el discurso que se vincula el goce con lo simbólico.

El discurso del amo, que es el discurso relacionado con el anclaje del sujeto en el significante, produce cuatro efectos:

  • Identificación
  • División
  • Extracción y repetición de goce
  • Producción de objetos para la satisfacción pulsional. Objetos plus de goce.

La subversión del psicoanálisis en relación al saber, es que el saber como repetición significante produce una entropía. De esta manera, por la estructura del discurso, el saber es un medio de goce.

En la clase 4, propone otra subversión, la de la verdad.

Primera pregunta que debemos hacernos es ¿qué es la verdad para el psicoanálisis?

Freud inició una nueva forma de hablar sobre la verdad, que no se corresponde con la verdad de la religión, de la filosofía o de la ciencia. La verdad para Freud nada tiene que ver con la idea clásica de la adecuación entre el entendimiento y la cosa, o entre la representación y la cosa, entre lenguaje y el mundo. Freud pasa de su primera idea del trauma como algo vivido en la realidad al concepto de realidad psíquica y la teoría del trauma en dos tiempos. Encontramos ahí una verdad que nada tiene que ver con la realidad de los hechos.

En Lacan, la categoría de la verdad está también desde el inicio de su enseñanza, al situar la cuestión de la verdad en su teoría del significante y el sujeto. “El significante en conexión con otro significante, representa al sujeto como referencia vacía. De tal manera que la verdad no tiene que ver con ninguna correspondencia entre un símbolo y un hecho, sino que es efecto de la articulación significante.”3

La verdad es planteada aquí como la razón de la repetición, una verdad que se repite es una verdad que clama por ser confesada, se dirige al Otro para que tome nota de ella, por lo tanto, en la dimensión de la verdad hay una direccionalidad al Otro.

En “La cosa freudiana” Lacan califica a la verdad como compleja, que se despliega incesantemente; dialéctica, que se la obtiene por un recorrido; y humilde en su oficio, es decir que no está en el lugar del amo, sino que se apoya en desgarrones, en desechos. La denomina ajena a la realidad, porque no es posible rastrear la verdad en la realidad.

Luego califica a la verdad como pariente de la muerte, porque la liga a la compulsión de repetición y por lo tanto a la pulsión de muerte. Esta articulación es la que estaría planteada en la noción de mortificación significante, que es condición de la verdad. Hay verdad porque hay mortificación significante, anulación de goce de la cual se origina la dimensión de la verdad.

En ese sentido es que Freud inició una nueva forma de hablar sobre la verdad, que no tiene nada que ver con la definición clásica de verdad como adecuación entre la representación y la cosa.

En la primera enseñanza de Lacan podemos ubicar cómo fue tomada la categoría de la verdad por Freud y la subversión freudiana sobre la verdad a la cual Lacan retorna. Ahora vamos a tratar de ubicar la subversión que produce Lacan, a la altura del Seminario 17 en relación a la verdad, al hacerla hermana de goce.

Lo primero que hay que decir es que la verdad en los discursos es un lugar. Según el término que ocupe ese lugar es lo que define que es la verdad en cada discurso. En segundo lugar, lo que podemos decir es que en un análisis hay efectos de verdad.

Formular la verdad como efecto de discurso es que una verdad se produce y al instante se pierde, no puede haber una verdad permanente ni total, desde el momento en que la verdad es algo que concierne a la palabra y al decir, y como dijimos anteriormente, la verdad solo puede decirse a medias.

En esta clase Lacan comienza diciendo que hay una asonancia entre reverso y verdad.

¿Qué es un reverso? Puede tener diferentes significados

  • El reverso como contrario al anverso. Dos caras de la misma cosa. No es este el sentido que Lacan da a este término.
  • El reverso como la esencia que se esconde bajo la apariencia. Esto podría pensarse en relación al síntoma para Freud, como mensaje a ser interpretado, una verdad desocultada por la interpretación.
  • El reverso en relación a la verdad como dicha a medias. Hay siempre algo de incógnito, algo que permanece inasible. Lacan toma este término de un texto de Balzac: El reverso de la historia contemporánea.

La idea del reverso, como lo toma Lacan, es que el discurso está ligado a su reverso. Dice Antoni Vicens en el texto Del revés de la trama a la repetición del trazo, que hemos utilizado para la fundamentación del programa de este año, que el psicoanálisis es un discurso sin palabras y que se refiere al goce por medio de la lógica y del trazo. El discurso analítico cierra el escalonamiento en el cuarto de vuelta que estructura los otros tres, pero no los resuelve para pasar al reverso.

“El reverso no explica ningún anverso. Se trata de una relación de trama, de texto, de tejido, si quieren.” (Seminario 17, p. 57)

Entonces, Lacan articula significante y goce en una relación de trama, de texto, de tejido, en la cual significante y goce no son anverso y reverso uno del otro en el sentido de contrarios, como dos caras de una misma moneda, sino más bien en el sentido de que siempre hay algo oculto, de incógnita, algo que permanece inasible entre estos términos.

Quizás un modo de pensarlo es a partir de lo que dice al finalizar la clase anterior:

“Si el analista trata de ocupar este lugar arriba a la izquierda que determina su discurso, es precisamente porque no está ahí, en absoluto, por sí mismo. Es ahí donde estaba el plus de goce, el gozar del otro, adonde yo, en tanto profiero el acto psicoanalítico, debo llegar.” (Seminario 17, p. 56)

En el discurso analítico se espera que el analista haga funcionar el saber como término de verdad (p. 56), ocupando el lugar de objeto a en posición de agente del discurso, como vacío en el cual se alojará el objeto plus de gozar del analizante, el analista como semblante de objeto a.

Disc. Analítico                                   Disc. Del amo

a            $                                            S1          S2

S2  //  S1                                             $    //      a

Y se propone demostrar en esta clase qué es un reverso, el cual está en asonancia con la verdad. El reverso toma ese carácter de inasible, al que se lo puede alcanzar por lo que encierra esa trama, ese tejido (la posición del analista como a en el discurso analítico y el a como plus de goce en el lugar de producto del discurso del Inconsciente), se lo puede alcanzar, pero nunca del todo (entre S1 en el lugar del producto y S2 en el lugar de la verdad hay imposibilidad, jamás se recubrirán).

El cuerpo que me lleva. Ernesto Neto. Guggenheim Bilbao, jpg2

Luego en la clase, Lacan pasa al tema de la verdad.

Propone manejar la verdad desde la lógica proposicional, porque ese uso está desprovisto de esperanza y eso es lo que tiene de sano. (Seminario 17, p. 58)

Juan Carlos Indart plantea que el problema que se estaría planteando aquí Lacan es que la verdad enloquece, porque se pueden hacer grandes locuras en nombre de las verdades que se erigen como verdades últimas. El amor a la verdad enloquece, y reducir la verdad a la lógica proposicional, que solo se remita a una letra V o F, es sano, en tanto limita el despliegue del enloquecimiento al que lleva la búsqueda de la verdad.4

La verdad, dice Lacan, produce estremecimiento sobre todo en las mujeres. La verdad estremece, y cuando hay una verdad que estremece, se corre el riesgo de creerse representante de la verdad. Entonces habría que llegar a saber más sobre esa verdad porque el tema es que no se puede alcanzar una verdad de manera plena, por lo tanto, hay que seguir buscando saber más de la verdad, y esto produce goce.

Por ejemplo, vimos hace poco una película en el ciclo de cine, “La ola”. Lo que un profesor decía podía resonar como verdad y causar estremecimiento, y en última instancia el fanatismo, el fundamentalismo en el que van cayendo los alumnos de esa clase. Es interesante porque no había algo muy claro sobre los valores que se sostenían, sino que más bien se trataba de signos que se presentaban como representantes de una verdad. Cuando el profesor lo cuestiona esa verdad cae y los chicos se van disponiendo a abandonar el fanatismo, salvo uno para quien esa verdad lo había realmente estremecido en su ser.

En esta primera parte de la clase, Lacan hace una diferencia entre la relación del hombre y la mujer con la verdad, en tanto el hombre es una creación de discurso, no así la mujer, que nunca está por entero en el discurso, no-todo en ella queda atrapado por el discurso. (Indart, p. 77). Recordemos que ya para Freud no hay representación de lo femenino en el inconsciente como tampoco de la muerte. Hay un significante que es el falo y representa un solo sexo.

La verdad para las mujeres puede tener una resonancia con ese goce que no queda inscripto en el inconsciente y por eso es que hace estremecer. La verdad reducida a una V estaría más del lado de la lógica masculina, limitada.

El término que utiliza es fremir (estremecimiento), que tiene muchas traducciones, puede usarse para el ruido del follaje, el ruido de las olas del mar, en la medida que lo producen una cantidad ilimitada de pequeñas cosas, como las olas, el follaje. Hay algo no localizado, no se puede localizar dónde está el ruido del follaje, está entre las hojas, en el movimiento. De la misma manera, la verdad que estremece, hace resonar cosas fuera de discurso.

Lacan hace aquí una serie de asociaciones o de comentarios que lo conducen al tema del deseo de dormir y el despertar en su relación con la verdad.  Un sueño te despierta justo en el momento en que podría soltar la verdad, de modo que nos despertamos solo para seguir soñando en la realidad. La verdad sorprende, pero apenas emerge, aparece, vuelve a desaparecer. Apenas cruza nuestro campo ya ha salido por el otro lado.

Por ejemplo, si pensamos en el chiste, al explicarlo pierde la gracia, o cuando queremos explicar algo que se nos presentó como una verdad, pierde el sentido que creíamos que tenía. Ya no se nos presenta como tan maravillosa. Es frecuente escuchar un analizante que dice, la sesión pasada me di cuenta de algo muy importante, lo cuenta y ya no produce el mismo efecto. Es así, por otra parte, como se va desgastando el sentido de lo que va surgiendo en el análisis, como efectos de verdad. Efectos de verdad que surgen a medida que el saber trabaja, bajo transferencia, articulado a la función SSS.

Tenemos por un lado la verdad que está articulada al sentido, que se va desgastando, perdiendo, a medida que el analizante habla. Y van quedando por los efectos de verdad, esa parte opaca del saber, efectos que son los restos que van quedando por la reducción del saber.

En Radiofonía Lacan dice: el efecto de verdad resulta de lo que cae del saber, es decir, de aquello que él produce, impotente sin embargo para alimentar el mencionado efecto. (p. 466)

El sentido pleno se escapa, y allí está lo importante, en lo que se escapa. (Seminario 17, p. 61). El sentido oscuro que se produce por el saber que trabaja, ese sentido oscuro que es la verdad (Seminario 17, p. 54).

Lo importante no está en lo que se produce como sentido al desarrollarse la dimensión de la verdad, sino en lo que se escapa. Por eso es que, si bien se produce aquí, en este seminario, cierto descrédito de la verdad, el análisis no es sin la dimensión de la verdad. Lo que se escapa se escapa en la medida que el analizante esté en esa dimensión.

Miller, en “Lo verdadero, lo falso y el resto” dice que Freud quería ir del goce a la verdad. Donde era el goce debe advenir la verdad. Para Freud debe haber una elección de la verdad por sobre el goce. Por eso pensaba que era mejor que el analista volviera a analizarse cada 5 años, para forzarlo a la elección de la verdad.

Para Lacan, dice Miller en ese texto, el parentesco entre verdad y goce no es de enemigos sino de hermanas cómplices.

Primera cuestión que se encuentra al elegir la verdad, es que se obtiene un goce problemático, el goce de la verdad. Esto que comentaba anteriormente, cuando una verdad estremece se quiere saber más y más sobre ella y eso produce un goce que obstaculiza la conclusión de la cura. Por eso es que Lacan cuestiona la verdad, pero, aclara que, así como la angustia no es sin objeto, nosotros no estamos sin una relación con la verdad. (Seminario 17, p. 61)

Pero ¿de qué verdad habla? De una verdad que no la encontramos en el interior. Sino en lo que se escapa de ella, en lo que es más extraño a nosotros mismos, y la relaciona con lo unheimlich, lo siniestro, aquello que es lo extraño y familiar al mismo tiempo. ¿Qué es eso, que en lo extraño nos resulta tan familiar? Eso que no puede decirse tan fácilmente, como en el sueño, cuando topamos con algo opaco, indecible. Nuestra verdad es para nosotros una extraña. Está con nosotros, no hay duda, pero sin que nos concierna tanto como suelen decir. ¿Qué quiere decir que no nos concierne tanto? No nos concierne tanto porque justamente nos es ajena, una extraña. Es extraña, ajena, por ser indecible y porque concierne al objeto a.

“No hay sentido más que del deseo”, “No hay más verdad que de lo que dicho deseo esconde de su falta” (p. 64). El deseo no puede ser articulable en las palabras, es metonímico y causado por el objeto a.

En “La dirección de la cura y los principios de su poder” Lacan señala que el deseo está articulado, pero no es articulable. Allí hay una relación de la verdad que no sería ya la adecuación de representación y cosa, sino la verdad escondida, que no puede decirse, y que se trataría de la verdad del deseo, en tanto lo que lo causa, el objeto a.

Esto nos conduce a la verdad del deseo y también a la articulación de la verdad y el goce en el marco del fantasma.

En el apartado 4 Lacan toma el análisis del fantasma en Pegan a un niño

Pegan a un niño es una proposición. Se pregunta Lacan si podríamos decir que es verdadera o falsa. Es una proposición que tiene efecto en un sujeto, en tanto se trata de un sujeto dividido por el goce. El Tú me pegas es la fórmula que constituye su vínculo con el goce. Recibe su propio mensaje en forma invertida, su propio goce bajo la forma del goce del Otro.

El fantasma es una proposición de validez lógica, que es verdadera por hipótesis o demostración, es decir que no puede conocer la inconsistencia.5

El fantasma Pegan a un niño es una proposición erótica que hace gozar con el lenguaje. Y el plus de goce toma valor de verdad, tiene la marca de lo verdadero.

“El fantasma vincula la imagen del padre con ese otro niño, que el padre goce de pegarle es lo que aquí da su acento al sentido, también a esa verdad que está a medias, ya que asimismo el que se identifica con la otra mitad, con el sujeto del niño, no era ese niño, salvo que se reconstituya, como dice Freud, el estadio intermedio –nunca, de ningún modo, substancializado por el recuerdo- donde en efecto es él. Es él quien hace de esta frase el soporte de su fantasma, que es el niño a quien pegan.”   (Seminario 17, p. 69)

Lo que el fantasma muestra es que un cuerpo puede no tener rostro. Basta que un cuerpo desempeñe el papel y realice la función que proporciona el goce. El fantasma es el Otro que el sujeto se construye. El neurótico cree en su fantasma, cree en el Otro y es así que ese Otro tiene un cuerpo. Es el Dios del neurótico, su fantasma, el Dios que dice Soy el que soy.

“somos seres nacidos del plus de goce, resultado del empleo del lenguaje” (Seminario 17, p. 70)

¿Pero, en qué sentido podemos entender que somos nacidos del plus de goce? Somos empleados del lenguaje, el lenguaje nos emplea, y por este motivo eso goza. Es necesario, para que el Otro exista, que goce. En esto radica el fantasma.

“Este fantasma presentifica el goce del Otro (el Otro goza pegando), que es para el sujeto, según Lacan, la forma invertida de su propio goce. En la proposición fantasmática se conjugan el efecto de verdad, ligado a la proposición –y de una verdad absoluta- y la producción de un goce.”6

“El precio de su inscripción bajo el significante amo es que a minúscula se desprende y se vestirá con el fantasma. Es el fantasma fundamental para Freud, es el que nunca se hace consciente, nunca se imaginariza.7

En esta clase Lacan dice que el lenguaje nos emplea, y por este motivo eso goza, el eso goza que encontramos en la fase impersonal del fantasma. Somos seres nacidos del plus de goce, resultado del empleo del lenguaje. En este punto es que Lacan se remite a Sade.

El perverso se imagina que se libera de esta división, su adhesión al fantasma le oculta que tampoco sabe lo que desea bajo la forma de voluntad de goce.

Para la histérica la cuestión es saber lo que quiere el hombre, ella no sabe, el hombre lo sabe y ella quiere alcanzar ese saber. Así formula su división del deseo. Para el obsesivo la cuestión es no desear, para no enfrentarse a la división. El perverso se imagina que no hay represión. El fantasma neurótico se sostiene de la represión.

Tanto el síntoma como el fantasma son modos de gozar y en el análisis se trata de estimular en el sujeto el deseo de decir para lograr cambiar su modo de gozar del inconsciente, su modo de gozar de la lengua que habla.8

Para ir concluyendo, en esta clase hacia el final, Lacan dice: La verdad como fuera de discurso es hermana de este goce prohibido. (Seminario 17, p. 71)

Habría distintos modos de entender esta hermandad:

  • El lenguaje borra el goce excesivo. La verdad se aloja en el lugar del goce perdido, barrado, pero se manifiesta como ausente, escondida. La verdad aparece como fuera de discurso al igual que el goce anulado, perdido.
  • Miller, en “La naturaleza de los semblantes”, p. 211, dice: La verdad como rechazo del saber, retoño del saber, o retoño rechazado del saber, aparece en una posición homóloga a un goce que solo se inscribe como resto.

Parentesco entre verdad y goce, como plus de goce, huella del goce prohibido.

El fantasma es una puesta en escena de la castración. En el fantasma se sitúa el Otro, que castra el goce, lo limita, lo prohíbe. Ese Otro fantasmático es también el Otro de la verdad. Entonces, ese goce sometido a la castración (es decir el objeto a como plus de goce) y la verdad, tienen una relación de parentesco, comparten un lugar común: el fantasma.

Atravesar el fantasma es que no hay Otro que pide su castración para gozar en su lugar, y tampoco hay más Otro del sentido, de la verdad. La verdad del sujeto tenía un vínculo de hermandad con el plus de goce, en el marco del fantasma.

Más allá de la travesía del fantasma ya no hay más hermandad entre goce y verdad porque se trataría del Otro goce y de la verdad que se ha esfumado ante lo real, porque lo real no es ni verdadero ni falso.

 

Notas

1 Laurent, E. Lacan y los cuatro discursos. Manantial

2 Salman, Silvia. NODVS LIV. Abril de 2019

3 Miller, en Lo verdadero, lo falso y el resto, p. 363

4 Saber, verdad y goce, en Discurso y vínculo social. Seminario de Orientación Lacaniana de Bogotá

5 Miller, Lo verdadero, lo falso y el resto, p.  365

6 Miller, La naturaleza de los semblantes, p. 199

7 Miller, Del síntoma al fantasma y retorno, p. 137

8 Ídem, p. 365

 

 

Reseña –  Norma Sierra. CID San Luis

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