Módulo 2. El caso Dora leído desde Lacan. Clase 2: Una frase puede enfermarte

Módulo 2. El caso Dora leído desde Lacan

Clase 2: Una frase puede enfermarte

Docente: Daniela Fernández

 

El desarrollo de la clase comenzó con la pregunta ¿qué llevó a Dora a enfermar? Veremos que a partir de una frase articulamos el agujero en lo real que queda al descubierto, el fantasma que hace de ventana al goce implicado, el objeto a, siendo todo esto la respuesta que había armado Dora. Se destaca la intervención freudiana que va en dirección contraria a la construcción de sentidos del inconsciente.

El padre horrorizado ante una carta en la que la muchacha se despedía de ellos la lleva con Freud. ¿Qué es lo que impulsó a la joven a esto? Una frase proferida en la escena del lago por el Sr. K. produce todo este descalabro. Él dice: “Mi mujer es nada para mí” (Meine Frau ist mir nichts). La palabra “nada” ubicada en el lugar donde estaría el significante “La mujer” hace caer el velo fantasmático que había sostenido a Dora inmersa, sin decir nada, en los avatares de la dramática que hacía mucho tiempo se venía sosteniendo entre el Sr. K., la Sra. K, el padre y Dora. El dicho “del lado de mi mujer hay nada” desvitaliza aquello que la respuesta que Dora había armado ante la ausencia del significante que no hay para decir La mujer. La mujer=nada, La mujer no existe, /La mujer, son las maneras que tenemos para nombrar el agujero que se devela. Si, la madre estaba desdibujada, (-Fi), acorde a lo que ella comunica a Freud, el hecho de que la Sra. K. sea “nada” la lanza frente al agujero de la inexistencia de la mujer, un real imposible de soportar. Ante este agujero responde Dora con la tos (tussis nervosa); el síntoma recubre como estrategia defensiva con el objeto oral eso que no hay. Desde su síntoma podemos leer toda la historia familiar en clave de objeto oral. Mal parada del lado macho de las fórmulas de la sexuación, tapona el S(/A) con el objeto a. Freud relaciona los síntomas del padre enfermo con los síntomas de Dora quien pone el cuerpo que se goza en esos síntomas.

Daniela destaca que es siempre sorprendente cómo opera Freud de una manera minimalista. No da explicaciones ni rodeos, va al moterialismo de la lengua.

La pregunta de Dora ¿Qué es una mujer? da cuenta que, tal como Lacan lo plantea en el Seminario 3, la neurosis es una pregunta. En el Seminario 4 agrega: la neurosis es una pregunta articulada sin que el sujeto sepa lo que articula. Los síntomas son los elementos vivos de esa pregunta y la neurosis es el mismo texto, una lengua. Freud, en su genialidad, apunta allí, escucha en lalengua, atiende a los significantes, al modo y entonación del hablar de su paciente. De esta manera capta que el síntoma es algo que se incrustó del lenguaje, un montaje de lengua que la ligaba al padre, con y a su síntoma.

Si el primer significante es “mi mujer es nada” y éste la expone sin defensas ante la mujer que no existe, la consecuencia sería: entonces, la relación sexual no existe. ¿En qué vemos como Dora hacía existir la relación sexual? En que ella sospecha de que la Sra. K. ama a su padre por su fortuna. Lo que recubre la inexistencia de la relación sexual es el fantasma de Dora “se ama a un hombre por su dinero”. Freud escucha la insistencia de la joven en que su padre era un hombre de riqueza (Vermögender Mann) y por eso era amado por la Sra. K. y decide ir en la dirección opuesta a la de la interpretación del inconsciente. Freud deconsiste ese sentido, a partir de la moterialidad de la palabra, agregando el prefijo Un por medio del cual niega la supuesta potencia (Vermögender Mann). Le dice: Unvermögender Mann, interviene en el significante poniendo de relieve que el sujeto no sabe lo que dice y apunta al fantasma de la impotencia que supone Dora en el padre.

Esta interpretación minimalista, que hace sonar el Unvermögender Mann donde Dora dice Vermögender Mann, nos revela que la neurosis está tramada en la lengua y que el fantasma es la estrategia defensiva ante el real insoportable a la que el psicoanálisis apunta a desbaratar. Freud, por la semántica de la lengua, atrapa el goce del síntoma ya que en la afonía y tos de Dora se encarna el fantasma del cunnilingus que viene a responder cómo es la relación sexual si el padre es impotente. La respuesta que se da Dora es desde el goce en su propio cuerpo: el cosquilleo en la garganta implicado en la tos. Desde esa fijación oral el goce sexual, la relación sexual, se puede formular como: “un hombre chupa a una mujer”.

La estrategia defensiva la podemos escribir: oa /sobre/ Real de /La Mujer, fórmula de lo que responde a la pregunta sobre la mujer definiéndola como algo que se chupa.

El fantasma es el cunnilingus y lo escribiríamos: $ (losange) a esto es: cunnilingus /sobre/ Real de la inexistencia de la relación sexual.

¿De dónde saca Freud esta fijación oral en Dora? De un recuerdo insensato: ella de muy pequeña se chupaba su dedo y con la otra mano tomaba el lóbulo de la oreja de su hermano. El goce quedó fijado en lo oral. Ésta es la matriz imaginaria de todos los síntomas de Dora. El goce oral y su fantasma es lo que entronca la imagen de la chupeteadora, hay Un cuerpo, sustancia gozante, que se goza a sí mismo, un goce autista.

De esta manera, Dora, la histérica articula una pregunta sin saberlo ¿qué es una mujer? en sus síntomas da la respuesta: algo que se chupa; ¿qué es la relación sexual? se responde en la fórmula de su fantasma fundamental: un hombre chupa a una mujer. Lo que no hay, el agujero, S(/A), se recubre, se tapona con el objeto a, con su identificación al Sr K., y con su modo de goce que es el oral. Esto le da el ser a Dora del lado fantasmático. Eso es lo que vacila y desmaya con la palabra “nada”, “mi mujer es nada” que la arroja sin reparos a la inexistencia de La mujer.

Hay palabras que enferman y Freud muestra que el psicoanálisis va al contrario del armado de estos sentidos que velan lo real para tocar el goce en juego, conmueve esa defensa, acudiendo a la moterialidad que sostiene la neurosis como una lengua.

La próxima clase vamos por otra pregunta acerca de la mirada y la Otra Mujer. ¡Gracias Daniela por transmitir de manera novedosa y viva tu lectura de este caso!

 

Reseña: Myriam R. Caminos

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